Sartre afirma que el infierno son los otros. La frase es brillante, pero creo que refleja más un estado de ánimo que una verdad universal. Admito que los otros pueden hacerte la vida insufrible… pero también pueden ser tus compatriotas en el paraíso. Para mí el infierno es la nada. Un lugar sin mis amigos, sin música, sin palabras que estimulen la imaginación ni belleza que exalte tus sentidos.

John Blacksad en un detective como tantos otros; es decir, un espíritu libre muy bizarro. Ocurre con los personajes detectivescos que se da esta paradoja: en todos parece evidente su encierro vital en un universo de acertijos y elucubraciones, todos ellos enfrascados en sus deducciones y coyunturas pero a la vez con unos rasgos y una personalidad tan singulares que resulta complicado establecer, en la mayoría de ocasiones, semejanzas entre todos ellos.

Al inicio del segundo álbum de Blacksad, Arctic-Nation, John Blacksad anota en su cuaderno reflexiones sobre cómo serían sus hipotéticas memorias y el éxito que podrían llegar a tener. Divaga sobre ello mientras observa a la multitud sedienta de morbo, apiñada en torno al cadáver ahorcado que preside la calle, fruto de la segregación racial reinante en las calles de The Line, lugar en el que se sitúa su nuevo caso. Blacksad, detective zoomorfo de piel oscura que adopta la forma minina -sí, los personajes de Blacksad no es que sean animales antropomorfos, sino personas zoomorfas; y sí, también un gato puede ser despreciado por el color de su piel, llegándole a ocurrir al protagonista de estas viñetas desde con un taxista demasiado chistoso hasta con una banda urbana filonazi-, es un personaje que está lejos de presentar un carácter afable. Su inseparable gabardina alberga en su interior a un tipo duro asqueado por la mugre que le rodea.

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Juanjo Guarnido & Juan Díaz Canales | Norma Editorial

Sin embargo Blacksad no es el caballero oscuro de la DC, ni se asemeja en demasía a su tocayo John Luther, interpretado magistralmente por Idris Elba en Luther -serie, por cierto, cuyos arcos argumentales parecían, desde mi punto de vista, constantemente condenados a estar «cogidos por los pelos»-, más allá del aspecto físico y de no cortarse, ninguno de los tres «sabuesos» mencionados, en usar las manos si impartir su justicia lo requiere. No obstante, y aunque resulte irónico por su caracterización animal, en Blacksad el aspecto humano destaca especialmente. El apartamento de John Blacksad es un piso de soltero normal y corriente que, sin embargo, delata a un hombre culto, con un mobiliario en consonancia con el carácter del hombre moderno de su tiempo. El hogar de un hombre con la conciencia tranquila pero lleno de reproches propios.

Blacksad, como buen felino, usa su instinto para resolver sus casos, para hacer el bien. Pero ahí parece estar el problema: lo bueno y lo justo puede ser muy diferente dependiendo de la lente con la que se mire. Ya no puede uno ahogarse sin que lo quieran salvar, como diría alguno. No obstante, John y su compañero de aventuras, el reportero Weekly, demuestran que en su oficio la lógica es más útil que cualquier arma de fuego.

La decisión de que fuese un gato el protagonista de la serie de álbumes no podía ser más lógica; además de su inherente instinto, imprescindible para todo buen detective, este tipo de felinos son animales muy independientes, a los que se les atribuye sagacidad y mucha curiosidad e inquietud. Son animales que van «a su bola» y que no se casan con nadie, además de contar con una estética que nos resulta agradable universalmente. Esa elegancia da muestras de un talante propio de los detectives de Hollywood, como si del teniente Somerset se tratase -detective de Seven (David Fincher, 1995), película con la que, por otra parte, el cómic comparte ese halo sombrío y esa iluminación de pura paleta gris tan propia de estas tramas oscuras y turbias-; cualidades todas ellas necesarias para todo buen «vigilante».

Este cliché en la relación entre los atributos del animal del que adopta la forma cada personaje y la personalidad de los mismos es extensivo al resto de sujetos del cómic. Este truco hace que el guion se fusione perfectamente con el dibujo: podemos identificar visualmente al segundo cualidades o atributos implícitos en el desarrollo de la historia en los animales que intervienen en ella. Esta recreación calcada se nos muestra como terriblemente acertada cuando los geniales creadores de Blacksad desarrollan situaciones cómicas e irónicas en torno a esos animales estereotipados. Con ellas nos regalan un elenco de personajes entre los que podemos encontrar un detective con forma de gato, traficantes caracterizados como un caballo y un burro, un gato, un gallo, un perro y un burro que forman un cuarteto musical -en referencia a Los músicos de Bremen, cuento universal de los Hermanos Grimm-, un pingüino camarero o prostitutas pululando por las calles del universo de Blacksad convertidas en zorras y cerdas.

Esta estigmatización está relacionada con la conducta animal y con que la naturaleza dicte y predetermine en su nacimiento su comportamiento. Este recurso ya había sido usado con acierto en otras obras culturales pero, sin embargo, también ha dado grandes resultados optar por todo lo contrario: crear un personaje que actúa de manera completamente diferente a lo que cabría esperar de un miembro de su especie, como por ejemplo en la notable BoJack Horseman, serie animada de Netflix, cuyo antropomorfismo animal sirve como un elemento más en la sátira que se pretende plantear.

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Juanjo Guarnido & Juan Díaz Canales | Norma Editorial

Una de las claves del fulminante éxito de la serie es el valor añadido que aporta la comunión textos/ilustraciones en el trabajo en equipo de ambos creadores, el guionista Juan Díaz Canales y el dibujante Juanjo Guarnido. Esta fusión es particularmente prolífica gracias al trabajo de ambos en el mundo de la animación, en el que se acostumbra a colaborar activamente entre todos los miembros de cada proyecto.

Las influencias del género negro y del cinematográfico en Blacksad son notorias y aportan solidez a las tramas, de corte siempre eminentemente clásico. Desde el punto de vista artístico la composición de las páginas sigue las pautas marcadas por la narración cinematográfica, simulando el sonido, la acción y la tensión palpitante en la atmósfera a través de los trazos del lápiz de Guarnido. El montaje de las viñetas en horizontal recuerda al formato panorámico del cine y a su vez ayuda a pausar la narración, a ampliar el campo visual, aumentar la información en segundo plano de cada viñeta y focalizar la atención en los personajes. La primera página de cada álbum también cumple su cometido y se convierte en un mural que nos traslada al emplazamiento de la composición y nos introduce perfectamente en el ambiente.

La luminosidad y el colorido escogido se alejan del blanco y negro tradicional y, pese a contar con una paleta de colores mayoritariamente grisáceos, sepia y rojizos, en consonancia con la oscuridad de las tramas o la violencia de los flashbacks, tampoco rechaza usar un cromatismo mucho más alegre y colorido cuando se trata de caracterizar un ambiente victoriano o de establecer un breve descanso en la intensidad de la narración, con la aparición de llamativos motivos florales o situaciones vivarachas. Además Guarnido se vale de pequeños detalles gráficos ocultos tras el primer plano que refuerzan lo que se dice en la viñeta o de viñetas «mudas» que establecen pausas en la acción, planos subjetivos o que desarrollan escenas secundarias.

El protagonismo visual en los álbumes de esta serie de historietas es tal que el lector no puede obviar el peso del cromatismo en las portadas de cada uno de los álbumes. Nos encontramos con una portada negra cuando se presenta la historia, enfatizando el género sobre el que va a versar la narración, blanca cuando trata sobre el racismo, roja cuando se nos sitúa en un ambiente anticomunista y de caza de brujas, azul cuando viajamos a la cuna del Jazz y el blues y amarilla cuando lo que se nos propone es un viaje por la Norteamérica ocre y profunda.

Guarnido optó en el guion porque el avance de la investigación de los casos fuese básicamente lineal, lo cual no es necesariamente malo: se da mayor importancia a los diálogos y a los personajes que a las cabriolas que un guionista pueda dar jugando a ser el nuevo Christopher Nolan. Exponer un argumento retorcido a veces no hace más que marear y descolocar al lector/espectador.

No podemos obviar tampoco el simbolismo que rodea a esta serie de álbumes en torno al género negro: desde el cigarrillo -fuga de ansiedad, abstracción del exterior, relajación para que la mente se centre en la resolución del dilema- el despacho, la aparición de femmes fatales -al más puro estilo de la Lauren Bacall o la Barbara Stanwyck de turno en la gran pantalla-, la mítica gabardina beige o la unión con el compañero de viaje inseparable. Resulta evidente a su vez la influencia de grandes obras del género del cine y de la novela policiaca, como Sed de mal, El tercer hombre, El Halcón Maltés o L.A. Confidential. Además de las influencias temáticas anteriormente señaladas, el trabajo en el dibujo del granadino está fuertemente marcado por otros grandes iconos de la cultura popular, como Walt Disney, Carlos Giménez, Uderzo, Frank Miller, Moebius, Hermann Huppen o Mazuccelli.

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Juanjo Guarnido & Juan Díaz Canales | Norma Editorial

Canales y Guarnido situaron la acción de Blacksad en su primer álbum en una ciudad anónima con un estilo neoyorquino, pero con un carácter más apócrifo y victoriano. Posteriormente, el desarrollo de las historias se sitúa en escenarios que continúan recordándonos lugares señalados en la mente colectiva, pero siempre manteniendo su incógnita. Temporalmente las desventuras y los crímenes que conforman las historias transcurren durante la década de los 50, años que se caracterizan por  una tensión política incipiente y en los que el pensamiento filosófico volvía a colocar al ser humano y a su relación con el medio exterior en un lugar preeminente. Además, Canales siente una cierta nostalgia por esa actitud positiva y despreocupada con la que se trataba al género en esos años, en los que la cultura era tan veraz y concisa.

Otro de los puntos fuertes de las novelas gráficas de Blacksad es haber acertado en apostar por la trascendencia y la madurez en el desarrollo y la ambientación de los casos que presiden cada uno de sus álbumes, pero sin dejar de lado en ningún momento todos los ingredientes de las novelas policiacas tradicionales. Más allá de las historias de violencia cuyo final consiste en satisfacer la intriga del lector, Canales va más allá. Sus guiones se adentran en la preocupación por la moralidad y los dilemas éticos, los remordimientos y el sentimiento de culpabilidad que rodean a los crímenes que tienen lugar en las páginas de la serie, consiguiendo que algún personaje nos llegue a recordar al Raskólnikov atormentado de Crimen y castigo (Fiódor Dostoievski, 1866).

En Un lugar entre las sombras, primer álbum de la serie, la investigación sobre la muerte de una actriz se convierte en algo personal para nuestro apuesto detective debido a su pasado en común. La resolución del caso acaba implicando a las más altas esferas, invitándonos a una reflexión sobre el poder del dinero, la pertinencia de las influencias en el ámbito de la justicia y la ética policial en cubrir al poderoso. En el segundo álbum, Artic-Nation, el hilo conductor es la guerra latente por la segregación racial, con una tensión evidente entre las diferentes bandas: los arctic-nation, banda de desteñidos al más puro estilo Ku Klux Klan que aboga por eliminar los individuos que no pertenezcan a su raza blanca -véase la relación tonal con que la acción se sitúe en un pueblo norteño bañado por un manto nevado-, y los black-claws, la banda de negros que se defienden del acoso atacando. De nuevo nos encontramos con la corrupción de las élites policiales, además de con racismo, acusaciones de pederastia, infidelidades y rumores que se tornan verdades, fanatismo religioso y una compleja farsa urdida de la manera más sorprendente.

Lo mismo ocurre en los siguientes álbumes (Alma Roja, El infierno, Amarillo). En ellos, gracias a situar a nuestro detective en torno a la Guerra Fría y la carrera armamentística, en la cuna del jazz o en un viaje al más puro estilo road-movie, los lances por los que el detective John Blacksad debe pasar para resolver los asuntos en cuestión le llevan por un periplo en el que se ahonda en temas sociales profundos, como las adicciones, las envidias, los chantajes, la corrupción del poder, las falsas inculpaciones, etc. Todo ello valiéndose de continuos guiños a Allen Ginsberg, Neal Cassady y otros miembros de la famosa generación beat que llegan a su culmen en el álbum Amarillo, cuyo desarrollo nos recuerda intensamente a On the road (Jack Kerouac, 1957), obra de culto de ese movimiento artístico.

El día en que los españoles Juan Díaz Canales y Juanjo Guarnido decidieron desarrollar la esencia de un par de historietas cortas de apenas dos páginas dibujadas años atrás por Canales –Como perro y gato y Escupir al cielo–  en un álbum que les sirviera para desarrollar un mundo creado en torno a unos personajes con carácter propio seguramente no eran conscientes de que su decisión les cambiaría la vida. Es seguro que el Juanjo Guarnido que comenzó de chaval vendiendo piedrecitas dibujadas y caracterizadas por él mismo en la playa de Salobreña (Granada) y grapando sus propias historietas, y que continuó su carrera colaborando en diversos fanzines y ganándose la vida ilustrando las ediciones españolas de los cómic Marvel que editaba en nuestro país por aquel entonces Planeta de Agostini, no se podía llegar a imaginar  que acabaría años después siendo uno de los dibujantes más prestigiosos del cómic en la actualidad.

Es innegable que tampoco podía llegar a atisbar que ganaría premios como dibujante tan prestigiosos como los que ha ganado con Blacksad: desde los otorgados por el Salón del Cómic de Barcelona en el año 2001 y 2006 hasta el de la Expocómic de Madrid en el año 2010, pasando por los premios más prestigiosos del mundo de la novela gráfica, como el Harvey (mejor álbum en el año 2005), el del festival de Angoulême (mejor álbum y dibujo en el año 2005) o el Eisner (mejor pintor/artista multimedia en los años 2011 y 2013); ni que pasaría diez años colaborando en la animación de la factoría Disney junto a grandes genios de la imaginación, como Régis Loisel.

El madrileño Juan Díaz Canales tampoco esperaba el súbito éxito de esta mezcla de género negro y animalier situada a comienzos de la Guerra Fría cuando su primer álbum, Un lugar entres las sombras, salió a la venta en las librerías francesas a finales del año 2000 de la mano de Dargaud. Poco después pudo disfrutar en sus propias carnes del éxito mundial de su creación al convertirse en icónica en Estados Unidos -con su publicación de la mano de Dark Horse- y en un must-have de la novela gráfica europea. En la actualidad el talentoso guionista compagina su trabajo en la animación con la guionización de cómics.

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Juanjo Guarnido & Juan Díaz Canales | Norma Editorial

Resulta harto complicado encontrar a una persona que no quede prendada por Blacksad tras leer sus primeras viñetas. SI es usted un afortunado y aún no ha disfrutado de estas historias profundas llenas de intensidad protagonizadas por el Humphrey Bogart de la bande dessinée, no deje pasar la oportunidad de adquirir el delicioso integral que ha publicado Norma Editorial a finales de 2015 en el que se incluyen los cinco álbumes de la serie que han visto la luz hasta el momento. Pero tenga cuidado, porque recuerde: la curiosidad mató al gato. No obstante, si John Blacksad ya es uno de los suyos, como es mi caso, sólo le queda esperar a que ese susurro que flota en el ambiente sobre una posible adaptación al cine de la creación de Canales y Guarnido llegue por fin a buen puerto; o, en todo caso, esperar unos cuantos años a que los artistas españoles nos deleiten con una nueva aventura. Hasta entonces Blacksad invita a numerosas relecturas al lector de gustos refinados, con las que poder saborear y captar mejor los numerosos guiños presentes en sus páginas y volver a deleitarse con la obra de arte monumental en la que se convierte cada viñeta dibujada por Guarnido.

Conviene recuperar como complemento interesante a este texto el episodio del programa Tres14 dedicado a la evolución de la visión de la sociedad de nuestros animales de compañía que contiene una interesante entrevista al guionista de la serie, Juan Díaz Canales (a partir del minuto 09:26). También vemos necesario adjuntar un enlace de visita obligada para el lector, el artículo que dedicó José Antonio Serrano a Juanjo Guarnido y Blacksad en la Guía del Cómic, que a su vez incluye numerosas entrevistas y vínculos para saber más de esta genialidad.

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