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Pocos países aúnan modernidad y tradición como Japón. En paralelo a los últimos avances e innovaciones tecnológicas perduran hoy todavía costumbres milenarias, reflejo de una cultura única. Entre esas costumbres, destaca una que, con más de 200.000 visitantes al año, se ha convertido en uno de sus grandes atractivos turísticos: el Shikoku Henro, también conocido como el “Camino de Santiago japonés”.

LA ISLA
Shikoku es una de las cuatro principales islas – junto con Hokkaido, Honshu y Kyushu – de las alrededor de 6.000 que componen Japón. Situada entre el mar interior de Seto y el Océano Pacífico, se trata de un remoto territorio que, aún en la actualidad, mantiene gran parte tanto de sus modos de vida tradicionales como de su bello entorno natural.

La isla posee una de las fuentes termales más antiguas de todo Japón, el Dogo Onsen, con más de 3.000 años de historia, así como el santuario de Kotohira-gu, dedicado al dios de la navegación y famoso por los 785 escalones que custodian su acceso. Asimismo, destacan la transparencia y pureza del agua del río Shimanto (196 kilómetros de longitud), en armonía con la cadena montañosa de su alrededor, el valle de Iya.

Prácticamente toda la isla está recorrida por una ruta de aproximadamente 1.200 kilómetros de extensión, que une 88 templos budistas localizados en medio centenar de poblaciones, una peregrinación circular conocida como Shikoku Henro.

Shikoku | Foto: David Gilbert
Shikoku | Foto: David Gilbert

EL PRIMER PEREGRINO
La peregrinación de Shikoku ha ido creciendo a lo largo de más de mil años de historia y no puede hablarse de un único fundador. No obstante, existen numerosas leyendas en torno a sus orígenes. La más popular de todas se atribuye a Kukai (774-835), pintor, arquitecto, calígrafo y monje budista que habría recorrido todos los lugares sagrados de la isla, construido la mayoría de los templos y fundado el peregrinaje en sí mismo. Sin embargo, Kukai no fue el primer peregrino sino los monjes ascetas del Monte Koya, que se desplazaban a la isla para visitar sus centros religiosos.

La segunda leyenda más popular cuenta que la primera peregrinación fue realizada a mediados del siglo VIII por Emon Saburo, conocido como el hombre más rico de todo Shikoku. De acuerdo con la leyenda, Saburo recibió durante varios días la visita de un mendigo en busca de limosna, rechazándolo una y otra vez. Ante la insistencia del mendigo, Saburo acabó golpeándolo violentamente y rompiendo su platillo para las limosnas.

El mendigo no volvería acercarse a su casa pero, a partir de ese momento, los ocho hijos de Saburo mueren sucesivamente. Es entonces cuando Saburo descubre que el mendigo era Kukai y que maltratarlo había condenado y maldecido a su familia. De esta forma, emprende viaje y recorre la isla hasta veintiún veces para reencontrarse con Kukai y suplicar su perdón.

LA RUTA
Se organiza en cuatro etapas que se corresponden con las cuatro prefecturas o áreas territoriales de Shikoku: En Tokushima, el “Camino del despertar”, se encuentran los templos 1 al 23; en Kochi, el “Camino del ascetismo”, del 24 al 39; en Ehime, el “Camino de la Iluminación”, del 40 al 65; y en Kagawa, “el Camino del nirvana”, del 66 al 88.

A diferencia del Camino de Santiago, con varios posibles inicios y un único final, el Shikoku Henro es una ruta circular. Comienza y termina en el templo de Ryojenzi, siguiendo el sentido de las agujas del reloj. No obstante, al tratarse de una ruta circular no es necesario empezar por un templo determinado ni tampoco es obligatorio visitar todos, por lo que el recorrido se adapta a las necesidades de los peregrinos.

Templo de Ryojenzi
Templo de Ryojenzi

La ruta atraviesa todo tipo de lugares rurales y urbanos, desde senderos a través de montañas y bosques hasta las orillas de playas y ríos, pasando por algunos tramos de carretera.  La “Tierra del Diablo” en el área de Kochi está considerada como la parte más dura de la peregrinación, debido a las altas temperaturas que soporta durante todo el año así como las fuertes lluvias y los escasos alojamientos disponibles, que fuerzan a muchos peregrinos a abandonar el camino.

Aunque comparte su perfil espiritual con el Camino de Santiago, puede tener tantos significados como quieran otorgarle los peregrinos que la realizan y la motivación religiosa no es la principal para la mayoría. Se recorre preferiblemente en primavera o en otoño, a pie (unos 45 días de viaje), en coche o autobús (10-12 días) y también en moto o bicicleta, combinándolo con el uso del transporte público y con trayectos a pie.

EL EQUIPO
Los peregrinos se visten con una túnica blanca (el hakui), un sombrero cónico de paja (suge gasa), portan un bastón de madera símbolo del maestro Kukai (kongo zue) y, ocasionalmente, otros objetos como el rosario o una campana. Curiosamente, esta vestimenta ha sido tradicionalmente considerada también con un sentido funébre, ya que no pocos japoneses son enterrados con el hakui y/u otros elementos característicos del equipamiento de los peregrinos.

No es obligatorio vestirse con estos elementos, pero hacerlo significa algo más que seguir una tradición milenaria, ya que facilita a la población local identificar a los peregrinos más allá de los turistas o visitantes habituales. Según marca la tradición, los locales mostrarán a los peregrinos el mismo respeto que al propio Kukai, ofreciendo las llamadas osettai. Se trata de pequeñas ofrendas para el avituallamiento y descanso de los peregrinos, tales como bebidas (fundamentalmente té), frutas, dulces y aperitivos, así como la posibilidad de alojarse en algunos de los templos de la ruta.

Lo que sí es obligatorio para completar la peregrinación es el nokyocho, un cuaderno en el que los monjes registran la visita del peregrino a cada templo, acreditando así la realización de un desafío en el que superación personal, reflexión y contacto con la naturaleza confluyen para crear una experiencia imborrable.

Nokyocho o cuaderno del peregrino |Foto: David Gilbert
Nokyocho o cuaderno del peregrino |Foto: David Gilbert

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