Terminada la boda,

con la fiesta de fondo,

el médico forense

de mirada azulísima

(amigo de la novia)

nos habló del suicidio. Meticulosamente

describió las distintas maneras de matarse.

Habló de un pozo oscuro,

agujero en un agujero de la mente,

donde se asoma el ser a su propio vacío,

ensayo de la nada.

 

La música sonaba como una irrealidad

mientras los invitados daban saltos,

bailaban abrazados los unos a los otros,

fraternidad de alcohol,

vestidos excesivos,

corbatas anudadas en el cuello

emulando a guerreros,

muchas bocas abiertas,

carcajadas profundas como túneles.

 

Y yo asomado al fondo de todas sus gargantas.

 

Poema de Marcos Díez Manrique ilustrado por Carmen Gutiérrez Somavilla para Revista Amberes.

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