La República de Weimar nació del movimiento obrero y popular. De una lucha contra la monarquía, contra los intereses de terratenientes, industriales, grandes empresas y bancos. De una lucha por la democracia, por los derechos laborales y sociales, en fin, por la república. Y, mal que bien, como república logró funcionar pese a las constantes presiones y ataques de aquellos intereses privados en contra de los que se había fundado. Así, el fin de la república alemana de Weimar y la llegada del nazismo están inextricablemente unidos al triunfo de los poderes económico-políticos de corporaciones, bancos, empresas e industrias que apoyaron el ascenso de Hitler.

Pero empecemos realizando un breve panorama de la situación de la república alemana para poder entender luego la relación de intereses que posibilitan la llegada de Hitler y el nazismo al poder.

Reichsbank president Schacht
Hjalmar Schacht, presidente del Reichsbank.

Entre 1924 y 1929 el gobierno de Stresemann había logrado encauzar la situación económica alemana apaciguando a las oligarguías internas y tejiendo potentes lazos con los estados y la banca extranjera. Stresmann acabó con los gobiernos obreros de Turingia y Sajonia e instituyó un banco central (Reichsbank) independiente del legislador y el ejecutivo, presidido por el ultraliberal Hjalmar Schacht. Bien avenido con la gran industria, la banca alemana y Wall Street, Schacht llevó a cabo una tiránica política económica convenientemente supervisada por Geofrey Parker, el inspector financiero de los EE.UU. en Berlín. El fin no era otro que satisfacer los intereses de los inversores internacionales y norteamericanos que, mediante el acuerdo del Plan Dawes, otorgaban una serie de préstamos con los que la república alemana podía pagar las reparaciones de guerra.

De esta manera, la aparente estabilidad económica alemana no era en realidad sino un artificio, pues dependía del flujo, buen fuelle y prosperidad económica neoyorkina. Con todo, la adecuada supervisión norteamericana trajo consigo no sólo el grifo de inversiones financieras sino una nueva forma de organización empresarial. Las grandes industrias alemanas, especialmente el acero, el carbón, la eléctrica y la química, adoptaron el sistema de lobby norteamericano. Así se formaron los poderosos cárteles electro-químicos del IG-Farben o las Vereinigte Stahlwerke del acero y el carbón, establecidos como potentes grupos de presión política en la vida de la república.

Al estallar el Crac de 1929 las consecuencias para una economía tan dependiente de Wall Street como lo era la alemana no se hicieron esperar. La enorme crisis producida por el capitalismo especulativo permitió en las elecciones al Reichstag de 1930 que los nazis obtuvieses más seis millones de votos y 107 escaños frente a los apenas setecientos mil votos obtenidos en 1928. Sin embargo, ya en esa época contaba el partido nacionalsocialista (NSDAP) con el apoyo y financiación de buena parte de la gran industria y banca alemanas.

Podemos dar una pequeña lista de personalidades y empresas que financiaron a Hitler entre 1929 y 1932, lo que nos revelará ya quiénes fueron los responsables de que llegase al poder: las dinastías industriales y financieras Thyssen, Krupp, Abs y Pferdemenges; Emil Kirdorf, fundador de la sociedad minera Gelsenkirschener Bergwerks; Edmund Hilgard y Kurt Schmitt, de la financiera y aseguradora Allianz und Stuttgarter Vereins Versicherung AG; Friedrich Reinhart, del Commerzbank; Otto Christian Fischer, del Banco Merck, Fink & Cia.; Emil Meyer, del Dresdner Bank; Louis Ravené, de industrias del acero Deutscher Eisenhandel AG; Max Schlenker, presidente de la unión de empresarios alemanes de la minería y el acero; Friedrich Flick, empresario del carbón y el acero. Pero además, formaban parte del círculo de simpatizantes (Freundeskreis) de Hitler: Albert Vögler, presidente de las Vereinigte Stahlwerke; August Rosterg, de la petrolera Wintershall; Emil Helferich, de la compañía trasatlántica HAPAG; el banquero Kürt Schröder y, cómo no, el presidente del Reichsbank Hjalmar Schacht.

Franz Von Papen
Franz von Papen.

A partir de las elecciones de 1930 no pudo configurarse ninguna mayoría parlamentaria capaz de formar gobierno por lo que, mediante una burda interpretación del artículo 48 de la Constitución de Weimar, se permitió al presidente Hindenburg nombrar a su arbitrio al canciller, aun cuando éste careciese de apoyo parlamentario alguno en el Reichstag. Al conservador Heinrich Brüning (canciller entre marzo de 1930 y mayo de 1932) le sucedió en la cancillería el utraderechista Franz von Papen. Éste empleó el artículo 48 para eliminar el gobierno prusiano de la SPD y, en julio de 1932, convocó elecciones. En ellas los nazis obtuvieron 231 escaños, siendo por primera vez el primer partido del parlamento. Mas no pudiéndose formar gobierno mayoritario, el anciano presidente Hindenburg usó el poder soberano que se había otorgado con la falsaria interpretación del artículo 48 para volver a nombrar canciller a von Papen. Se sabe que la intención de von Papen era evitar la llegada de Hitler al poder, pero para ello debía cortar la financiación del partido nazi. Así pues presionó a la gran industria alemana de modo que dejase de sufragar a Hitler y, a su vez, convocó reiteradas elecciones para que el NSDAP vaciara sus arcas en campaña. Ahora bien, el plan de von Papen no resultó ser tan efectivo como se esperaba. Una vez más se convocaron elecciones en noviembre de 1932. En ellas los nazis perdieron cuarenta diputados pero seguían siendo mayoritarios. Schleicher, el general artífice de la interpretación del artículo 48, convenció a Hindenburg para que despidiera a von Papen y le nombrase a él canciller el 3 de diciembre de 1932.

El plan de Schleicher consistía en impedir el ascenso de Hitler instaurando una dictadura presidida por él mismo y que, a falta de los apoyos de base social con que contaban los nazis, se sustentase en una serie de medidas sociales y en el mantenimiento de ciertas conquistas logradas por la socialdemocracia de la República de Weimar. Estas medidas incluían la no privatización de parte de las empresas estatales del Ruhr, bocado codiciado por la gran industria pesada. Por supuesto tal política del general iba directamente en contra de los intereses de dicha industria y de la banca.

Sintiéndose traicionado por Schleicher, von Papen se reunió con Hitler el 4 de enero de 1933 en la casa del banquero Kurt von Schöder para una entrevista en la que se daría a Hitler el apoyo necesario para ser elegido canciller. Se ha considerado a esta entrevista como “la hora del nacimiento del tercer Reich” no sin motivos. Tras largas negociaciones Hitler fue nombrado canciller por el anciano Hindemburg, el 30 de enero de 1933.

A partir de este momento los acontecimientos se sucedieron rápidamente: el 2 de febrero el consejo de ministros preparaba las nuevas elecciones para el 5 de marzo, el día 4 de febrero apareció una disposición de emergencia que otorgaba al gobierno la capacidad de prohibir manifestaciones y publicaciones a los partidos que se presentaban a dichas elecciones. El día 6 se ordenó la disolución del parlamento prusiano mediante otra disposición de emergencia. Se abrió la Policía a los cuerpos de las SA y las SS, que se integraron como cuerpos auxiliares en la misma. El día 24 la central del KPD en Berlín fue tomada por los agentes de la policía. Sólo en los primeros días de febrero fueron asesinadas quince personas y más de un centenar fueron heridas. El 27 de febrero los nazis incendiaron el Reichstag, excusa que les valió para continuar con su labor criminal y terrorista: esa misma noche fueron detenidos cuatro mil funcionarios, especialmente del KPD. Se tomaron las sedes del SDP y las redacciones de periódicos. El día 28 se aprobaba un nuevo decreto de emergencia, el conocido como “Para la protección del pueblo y del Estado” complementado por la disposición “Contra la traición al pueblo alemán y las maquinaciones de alta traición” que invalidaba los derechos fundamentales, las libertades civiles y ampliaba la pena de muerte. Más de diez mil personas fueron detenidas desde el decreto del día 28 hasta mediados de marzo.

Entre tanto los grandes industriales y banqueros alemanes no se habían quedado ociosos, ni mucho menos. El día 20 de febrero se habían reunido con Hitler, en el palacio del presidente del gobierno, veinticinco grandes personalidades entre las que se encontraban el propio Hjalmar Schacht, Krupp von Bohlen, Albert Vögler, Georg von Schnitzler del IG-Farben y el banquero von Schröder. Al término de la reunión se acordó la creación de una caja electoral para la que pronto se recogieron tres millones de marcos gracias a las aportaciones de los interesados empresarios.

IG Farben Oficinas Frankfurt
Oficinas del potente trust IG-Farben en Frankfurt, 1932.

En pleno estado de emergencia, sin garantías de ningún tipo, con los derechos fundamentales y libertades civiles suspendidos, con los demás partidos —especialmente el SPD y KPD— perseguidos y sus miembros detenidos y asesinados, se llevaron a cabo las elecciones del 5 de marzo de 1933. Los nazis obtuvieron 288 escaños. Los días siguientes se dedicaron a asediar y ocupar los edificios oficiales, perseguir a las autoridades, jefes de policía, alcaldes, gobiernos regionales que no perteneciesen al NSDAP y obligarles a su dimisión. Finalmente, el día 23 de marzo se aprobaba la Ley Habilitante de 1933 por la cual:

1º El poder legislativo pasaba del Reichstag al gobierno del Reich, 2º ampliaba los poderes absolutos del gobierno para poder modificar la constitución, 3º se trasladaba el derecho de promulgar las leyes del presidente al canciller del Reich, 4º se extendía la validez de la Ley sobre determinados acuerdos con países extranjeros y 5º, limitaba la validez de la Ley Habilitante a cuatro años tras la promulgación.

Así es como Hitler llegó “democráticamente” al poder. No hubo nada de democrático, claro. Se trató de un golpe de Estado convenientemente apoyado por la derecha y financiado por el gran capital financiero e industrial alemán. Baste mencionar que Hjalmar Schacht fue nombrado Ministro de Economía de Hitler y miembro honorario del partido nazi.

De forma vergonzante, Hjalmar Schacht fue absuelto en los Juicios de Núremberg. El resto de grandes empresarios, oligarcas, financieros e industriales fueron condenados a prisión, pero para mediados de los años cincuenta ya se encontraban libres y en la calle. Más aún, los grandes conglomerados de empresas como Krupp o IG-Farben salieron prácticamente indemnes.

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