Todo lo que uno considera cierto

debería poder siempre ser dicho

libremente, sin tapujos ni miedos.

Decir la verdad es para todos necesario

y saludable; un deber sagrado

que no puede ser proscrito

por ningún militar ni comisario,

ni empresario, ni memo paniaguado.

 

Si sólo te dejan decir aquello

que desean oír tus necios amos

tal vez dirás con la actitud y el gesto,

osadamente, lo contrario,

y serás mostrado con el dedo como ajeno

o enemigo,

sospechoso, meteco o infiltrado.

 

Será la consigna que a ti nadie se aproxime,

ya que no siendo lerdo ocultas tus pensamientos,

¿mas quién por callar podrá condenarte

a una pena mayor que tu silencio?

 

Poema de José Ramón San Juan ilustrado por Marta Allande-Valledor para Revista Amberes.

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