Hace unos cuantos años me encontré en una librería de viejo con una novela titulada De vuelta a casa (The Road Home) de un tal Jim Harrison. Hasta ese momento no sabía yo nada de ese escritor ni de ese libro, pero la imagen de unas botas gastadas que aparecía en la portada de la edición de Muchnik y que evocaba amplias praderas y avezados vaqueros contemplando atardeceres atrajo mi atención igual que las cerezas de la huerta atraen a los mirlos.

Luego, al ojear la contraportada, descubrí que Jim Harrison era el autor de un relato largo que había sido llevado al cine y que durante algún tiempo se había convertido en una película de éxito protagonizada, entre otros, por Brad Pitt y Anthony Hopkins. Aquel largometraje tuvo por título en este país Leyendas de pasión. Se conoce que Leyendas de Otoño (Legends of the Fall), título original de la obra de Harrison, y que desde luego me parece bastante más acertado y sugerente, no era lo suficientemente comercial y atractivo para los distribuidores españoles o para quien demonios acostumbre a cambiar los títulos de las películas foráneas de modo tan pedestre.

Supongo que en un principio la relación recién descubierta del autor desconocido con esa película me decidió a adquirir el libro, dada mi antigua querencia cinematográfica por el western.

Sin embargo, después, a medida que avanzaba en la lectura del libro, o tal vez mientras hacía mi particular «regreso a casa», pude comprobar que la ficción que el escritor norteamericano nos relataba iba mucho más allá de una sencilla historia del Oeste en las llanuras de Nebraska. Aquella saga familiar no era, ni mucho menos, una representación de lo que mis torpes prejuicios me decían que debían ser los ganaderos y los labriegos de esa Ámerica profunda de la que hablaban tantas y tantas películas vistas a lo largo de los años. No, no había allí burdos matarifes ni patanes iletrados colonizando la tierra y la naturaleza a tiro limpio. Al contrario, por sus páginas desfilan personajes con un poderoso y acendrado amor al paisaje y a todas sus criaturas, gente preocupada por el desgaste de la esencia de la ecología, gente sumida en la visión admirada de un territorio despiadado y hermoso a la vez, gente que convive con el fenómeno indígena con inusual respeto, gente que contempla el divagar de las aves como si éstas fueran el último vestigio de la felicidad en la tierra, gente, en fin, para la que la poesía de Federico García Lorca, tan lejano, es un valor inexcusable.

Total que, de la forma más inesperada, encontré en De vuelta a casa una variada panoplia de hechos y acciones que dignificando al otro revierten en uno mismo de un modo que, por cotidiano, se hace arriscado, insólito y, en definitiva, admirable.

Fue esta primera arribada a la obra de Harrison la que me hizo perseverar en busca de alguna otra de sus novelas. Trabajo ímprobo, sin duda, ya que a diferencia de otros países europeos Jim Harrison no goza de la deseable popularidad en España que quisiéramos sus seguidores. No obstante, con perseverancia todo es posible y poco a poco he podido ir recabando títulos como el ya mencionado de Leyendas de pasiónUn buen día para morir o el impresionante alegato a favor de la muerte digna que es Regreso a la tierra.

Recientemente la editorial Errata Naturae ha publicado una novela de 1988 titulada Dalva, que se centra en un personaje que diez años después formará parte también de las páginas de De vuelta a casa. Y para colmo de fortuna esa misma editorial anuncia la futura salida de Sundog, lo que significa, más allá de la habitual rememoración ante un escritor fallecido (Harrison murió a los 78 años en marzo de 2016), una significativa y paulatina recuperación  para los lectores de este país de la deslumbrante obra de este escritor norteamericano, además de la reapertura de la senda por la que, para el lector español, van introduciéndose otros autores estadounidenses de parecida temática y consistencia, tales como Louise Erdrich, Sherman Alexie, Philipp Meyer o Donald Ray Pollock.

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