Te cuelas en la foto de unos desconocidos,

lo haces a propósito,

te colocas detrás cuando ellos posan

y miras fijamente al ojo que te mira

en el momento exacto del disparo.

 

Más tarde, saludas desde un puente

a los turistas que cruzan los canales,

te apuntan con sus cámaras

a bordo de unas góndolas que te parecen fúnebres,

tú les sonríes fúnebre,

los brazos extendidos exageradamente,

las palmas de las manos bien abiertas,

les das tu bendición.

 

En una catedral logras introducirte

en el autorretrato de una joven

que intenta hacer de sí su propio templo.

Tú le guiñas un ojo cuando te alcanza el flash,

parece que dijeras: tienes mi compañía.

 

En la gran plaza corres como sin juicio

tras las palomas para hacerlas volar

y muchos se detienen a mirarte,

te quieren en sus vidas, te llevarán con ellos.

 

Intentas infiltrarte en sus memorias,

no sabes para qué,

imágenes de ti recorrerán el mundo,

te multiplicarás,

tu rostro misterioso, algunas veces, desatará preguntas.

 

Nadie sabrá quién eres.

 

Poema de Marcos Díez Manrique ilustrado por Carmen Gutiérrez Somavilla para Revista Amberes.

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