La lluvia golpea todo;

golpea en el agua

formando multitud de ondas

a lo largo del lago,

golpea en la chapa metálica

que reposa sobre la arena.

 

Veo una niña bailar

corriendo

junto a su perro blanco.

 

La lluvia empapa la arena,

y pienso

que quizás haya perdido

la ternura hoy;

sin embargo,

los días del océano

se presentan como isla desconocida.

Como viaje en barco.

 

La lluvia riega las plantas de la terraza

y veo mi mente entre las hojas

regar su brote de vida.

 

Aún soy joven

solía decir mi padre.

 

¿Quién fui antes?

Un árbol que nos regala

serenidad,

un manantial de arena,

una cicatriz en el suelo;

el día vertido sobre

una hélice de avión.

Algo que parece mirar

como testigo invisible

una barca varada en la playa.

 

Sientes las yemas de los dedos casi tocar la luz,

los puertos fundirse con la claridad.

 

La ballena respira

desde el interior del mundo

y arriba las gotas caen,

entre la luz y el agua.

 

Como una Diosa se ha posado

la última llama del sol.

La vieja barca del horizonte

impenetrable en la arena.

¿La ves allí a lo lejos?

Dice el señor que se sienta a mi lado.

Eso es,

el último refugio de quien ve

por última vez su tierra.

 

Texto y foto de Alejandro Rebollo Roldán

No hay comentarios

Dejar respuesta