No hace falta estar siempre pendiente del televisor o el móvil para ver que vivimos en tiempos de cambios continuos: algunos imperceptibles, otros evidentes, la mayoría tan vertiginosos que asumen un rol trascendental en nuestras vidas durante el transcurso de unos pocos años. Lo que para una generación era ciencia-ficción, para la siguiente es una realidad cotidiana.

Por eso puede resultar tan chocante un lugar como el Pasatiempo, anclado entre el canto de cisne del siglo XIX y el amanecer del XX. Situado en Betanzos -una de las antiguas capitales del Reino de Galicia-, es la entrada a un mundo que nos queda ya muy lejano, a un relicario de ideales sociales, culturales y políticos de hace más de un siglo. Entre la simbología de sus formas hallamos desde el modernismo parisino al liberalismo decimonónico, del republicanismo a la memoria de la emigración americana.

Porque no podemos entender la existencia de este lugar sin conocer la prototípica figura del indiano, del emigrante retornado del otro lado del océano como poseedor de una gran fortuna. Eran una minoría entre los dos millones de gallegos que hicieron las Américas (sobre todo a Cuba o Argentina) a lo largo de quinientos años, pero de gran importancia en el imaginario cultural, satirizados o exaltados como filántropos y portadores de nuevas ideas y corrientes de pensamiento.

Dirigible
Dirigible.| Adrián Feijoo.

Los betanceiros Juan y Jesús García Naveira fueron de los afortunados. De orígenes humildes, se instalaron en Argentina, donde consiguieron hacer fortuna en el negocio de la importación e inversiones diversas. A su vuelta a Galicia, tanto juntos como por separado, financiaron un asilo de ancianos, un lavadero cubierto, una escuela, un sanatorio y una Casa del Pueblo, sólo por mencionar unos cuantos ejemplos. Algunos de esos edificios, como el lavadero, se pueden visitar en la actualidad, y el recuerdo de esos dos personajes sigue vivo: una estatua de ambos corona la plaza principal de la villa, también llamada “De García Hermanos”.

Pero el Pasatiempo no fue concebido como una obra de caridad, o por lo menos no con el mismo sentido de filantropía que un sanatorio o un asilo. Comenzó su construcción en 1893, siendo un proyecto personal de don Juan: una «huerta»en la que volcaría durante años su fortuna e imaginación, para poner al alcance de sus vecinos todas las maravillas que él mismo había contemplado en el transcurso de sus viajes. Las obras duraron varias décadas, con pausas o retrasos por el desvío de recursos a otras obras más urgentes, y por el estallido de la Gran Guerra de 1914; aunque, para este año, la mayor parte ya estaba terminado.

Lo que se conserva actualmente son 8.000 metros cuadrados del núcleo ‘plástico’. El resto, una extensión de 80.000 m² de jardines, estanques y edificios anexos, desaparecerían con el paso del tiempo para dejar paso a la construcción de edificios modernos, amén de un parque-zona de juegos anexa al Pasatiempo histórico, unidos por una rampa metálica. Desde una zona elevada, y con las referencias correctas, es posible imaginarse lo grande que fue en su momento, y lo mucho que se ha perdido. Quedan remanentes en la zona, como la Fuente de las Cuatro Estaciones o la Estatua de la Caridad, y en el exilio, con los leones que antes custodiaban la entrada guardando ahora el acceso de la Santa Cueva de Covadonga.

Templete del Estanque del Retiro
Templete del Estanque del Retiro| Adrián Feijoo.

Pese a que la zona histórica del Pasatiempo posee varias entradas, la antes mencionada rampa es el único acceso abierto para el visitante. Poniéndonos en el pellejo de este turista hipotético, veríamos que el conjunto del parque es una serie de niveles, de terrazas artificiales que constituyen cada una un mundo aparte, disponible para explorar y maravillarnos con sus secretos.

Lo primero que se encuentra usted al llegar, es una pequeña explanada con un estanque en forma de lagar, un recipiente donde depositar y pisar las uvas para obtener el mosto -la comarca de Betanzos es una zona vinícola-. Si queremos seguir en este nivel, continuamos con un complejo rico en simbologías; un homenaje de don Juan al país que les acogió a su hermano y a él, celebrando el centenario de su independencia (1910). Los escudos de las catorce provincias originales, aunque descoloridos, todavía impresionan al paseante, de la misma manera que lo hacen los relieves referenciando a Martín Fierro y a los gauchos. Aquí está además uno de los rincones más fotogénicos, el mural donde cuarenta y un relojes dan la hora de diferentes ciudades del mundo, congelados en el nacimiento de un siglo convulso.

No nos quedaremos mucho rato, aunque sea tentador: todavía nos queda bastante por ver. Casi nos saltamos el teleférico escondido en las escaleras, y sería una lástima no dedicarle unos minutos al buzo, digno habitante de una novela de Julio Verne. Que el mal estado de los azulejos, las pinturas y las fuentes no le impida disfrutar del monumental muro de la ‘ESPAÑA MONÁRQUICA Y SUS 18 HIJAS REPUBLICANAS’, donde cuelgan los escudos de todas las naciones surgidas de las independencias latinoamericanas, bajo el escudo monárquico. Nos desplazaremos con esto a la terraza más baja, y de paso podremos ver los relieves; los fusilamientos de Torrijos, los leones devorando cristianos en el Coliseo, un duelo a pistola, los españoles ejecutando a un líder indígena… críticas a la violencia venga de donde venga, cristiana o pagana. En otra escena, los países son unidos entre sí por ejes como metáforas de los tratados internacionales, expresión del deseo de don Juan de un mundo en paz. Mundo que saltaría por los aires cuatro años después, con el atentado de Sarajevo.

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Mural de la España monárquica y sus 18 hijas republicanas.| Adrián Feijoo.

En esta zona es fácil perderse. Hay que tener cuidado con las bestias pétreas que dormitan al fondo de los estanques -desde hipopótamos hasta ballenas-, y con los monstruos gigantes que luchan en los muros. Algunos de esos animales hasta están domesticados, y desfilan por un friso para su completo disfrute. Otros están vivos, y si presta atención al Estanque del Retiro, entre las paredes recubiertas de conchas y los vehículos imaginarios, es posible que vea una garza. Si tiene suerte, claro.

Llega a la Cueva de la Recoleta, y a su estanque anexo. Se toma unos minutos, y busca al elefante, a la jirafa, al nido de serpientes, los corales, y el retrato de don Juan. Ante usted se le abren dos opciones: explorar las cuevas, para buscar a sus habitantes invisibles y espiar al resto de visitantes desde su escondite; o continuar con nuestro recorrido al tercer nivel, descubriendo el testimonio gráfico de los viajes del promotor del parque. Supongamos que escogió esta segunda opción, ya nos adentraremos en las tinieblas en otro momento.

Le recibe la receta del rico indiano para ganar dinero, el Árbol Genealógico del Capital. Como si de una charla empresarial se tratase, aprende que el Entendimiento, la Voluntad, el Carácter, el Orden, el Honor, la Firmeza, el Ahorro y actitudes parecidas conducen al éxito. Mientras decide si García Naveira era un iluso o un adelantado a su tiempo, repara en la estatua de Eros y Psique, fundidos en un eterno beso de piedra, justo encima del esquema.

Es una lástima que los árboles le impidan ver desde ahí el mural con las maravillas del mundo (la Gran Pirámide de Keops, la mezquita de Mohamed Ali, la -desaparecida- Muralla China, y el Canal de Panamá), dos modernas y dos antiguas, fruto del esfuerzo y la ingeniería, trasladadas a un pueblo de la provincia de A Coruña. Vigilando desde el nivel de arriba, el regio León Colosal también está oculto a la vista por la vegetación, resultando ser, de manera no intencionada, un depredador acechante en la jungla.

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Árbol genealógico del capital | Adrián Feijoo.

Décadas de dejadez por parte de las instituciones, por un lado, y de vandalismo continuado por el otro, han tenido sus consecuencias. El Parque está actualmente en un estado deplorable, cuasi ruinoso, pese a la reforma que llevó a cabo el ayuntamiento en los noventa. Estatuas desaparecidas, pinturas dañadas, áreas a las que es mejor no acceder para ahorrarse posibles accidentes… el culmen de esta decadencia se dio en febrero de 2017, cuando el muro de uno de los estanques (limítrofe con una carretera) se derrumbó parcialmente. Ésa fue la señal de alarma, la llamada de auxilio de un monumento casi condenado a desaparecer.

Afortunadamente, la ciudadanía reaccionó con una intensa actividad en redes sociales y medios de comunicación, reclamando soluciones a los organismos públicos, así como la organización por su cuenta de campañas de limpieza y actos divulgativos sobre la historia del Parque. Además, del diálogo entre el Ayuntamiento de Betanzos, la Diputación de A Coruña y la Xunta, surgió el aparente compromiso de financiar una nueva restauración. Quizá la ‘huerta’ de don Juan tenga la oportunidad de asombrar a los betanceiros, y a cualquier visitante, durante un siglo más. Pero con un nuevo derrumbe en octubre de 2018, el tiempo se agota.

Nos despedimos con una invitación, que es visible si se busca en el lugar adecuado:

UD. QUE LE GUSTA VIAJAR I QUE TIENE CONOCIMIENTOS I UNA/EDUCACION QUE SE SEPARA ELEVANDOSE DE LA DE LAS/CLASES ELEVADAS EN ESPAÑA SACARIA GRAN PROVECHO/Y GUSTO VISITANDO TODO ESTE PAIS DE ORIENTE […].

Fuente tonel
Fuente tonel| Adrián Feijoo.

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