…de la judiciaria y necromancia supo tanto, que se dicen y leen cosas maravillosas que hazía, con tanta admiración de las gentes, que juzgaron tener pacto con el demonio: compuso muchos libros destas sciencias, en las quales, aunque avía muchas cosas de gran ingenio y artificio útiles a la República, avía otras de mal exemplo y sospechosas de que su autor tenía el dicho pacto.

Francisco de Rades y Andrada, cronista

Enrique de Villena (1384-1434) es una de las figuras centrales de la tradición esotérica hispánica. Fuera ya como mago, nigromante o astrólogo, la trayectoria de este aristócrata del medievo quedó tempranamente asociada al ocultismo.

Enrique de Villena era nieto del rey de Castilla Enrique II de Trastámara por parte de madre y descendiente del monarca Jaime II de Aragón por vía paterna. La muerte de su padre en la Batalla de Aljubarrota (1385) provocó que el pequeño Enrique, de apenas un año, fuera enviado a la corte aragonesa con su abuelo Alonso de Aragón, Marqués de Villena, en adelante responsable de su educación y manutención. Cuando el rey Enrique III de Castilla revocó su título de marqués, abuelo y nieto se vieron en una situación política y económica comprometida. Los lazos familiares que los unían con las dinastías reinantes en Castilla y Aragón -las más poderosas de la Península Ibérica- no impidieron la caída en desgracia de su linaje, de la que no se recuperarían.

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Batalla de Aljubarrota | Jehan de Waurin

Dada su proximidad geográfica a los entonces fragmentados territorios italianos y los intercambios culturales a que ésta dio lugar, no es de extrañar que el primer humanismo peninsular arraigara en Aragón antes que en cualquiera de los reinos vecinos. Los certámenes poéticos allí celebrados desde el siglo XIII, apoyados por la realeza, irían ganando en importancia hasta erigirse en fuente de prestigio para sus ilustres vencedores. El joven Enrique, movido por una precoz predilección por las letras, tomaría parte activa en esta clase de eventos. Estas inquietudes, alentadas por la atmósfera que se respiraba en la corte, fueron las que lo empujaron a traducir al poeta latino Virgilio, autor de la Eneida, y al escritor renacentista Dante Alighieri, responsable de la Divina Comedia. El noble tuvo también oportunidad de familiarizarse con la alquimia y la astrología, promovidas y protegidas por los sucesivos monarcas aragoneses.

El ambiente humanista de la corte aragonesa contrastaba con el de la castellana, en la que el influjo renacentista apenas empezaba a notarse. Hacia allí partió Enrique de Villena a la muerte de Fernando I, primer rey de Aragón perteneciente a la dinastía Trastámara. En Castilla, donde las armas primaban aún sobre las letras, sus inclinaciones fueron toleradas con no pocas reservas, como apunta el cronista Fernán Pérez de Guzmán:

E de otra parte, así era este don Enrique ageno e remoto non solo a la caualleria, mas aun a los negoçios del mundo, e al regimiento de su casa e fazienda era tanto inabile e inabto, que era grant marauilla, e porque entre otras çiençias e artes se dio mucho a la astrologia, algunos, burlando, dizian del que sabia mucho en el çielo e poco en la tierra.

Algunos de sus intereses, contrarios a la ortodoxia cristiana, contribuyeron al incremento de las suspicacias con que era observado su comportamiento:

E ansi este amor de las escrituras non se deteniendo en las çiençias notables e catolicas, dexose correr a algunas viles e raheces artes de adeuinar e interpretar sueños e estornudos e señales e otras cosas tales que nin a principe real e menos catolico christiano convenian. E por esto fue auido en pequeña reputaçion de los reyes de su tiempo e en poca reuerençia de los caualleros, todauia fue muy sotil en la poesia e gran historiador e muy copioso e mezclado en diuersas çiençias.

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Quema de libros heréticos | Pedro Berruguete

Esta mentalidad condenatoria, por otro lado hegemónica en su tiempo, nos ha privado de buena parte de la obra de Enrique de Villena, cuyo legado quedó cercenado de modo irremediable. A su muerte, el rey Juan II de Castilla ordenó a Fray Lope de Barrientos la quema de cuantos libros relacionados con la magia y la hechicería contuviera su biblioteca. Así lo narra el propio Lope de Barrientos en Refundición de la Crónica del Halconero:

Y después que él falleció, el Rey mandó traer a su cámara todos los libros que este don Enrique tenía en Yniesta, y mandó a fray Lope de Barrientos, maestro del Príncipe, que catase si auía algunos dellos de ciencia defendida. E el maestro católos, y falló bien cincuenta volumes de libros de malas artes. E dio por consejo al Rey que los mandase quemar. El Rey dio cargo dello al dicho maestro, y él púsolo luego en ejecución, y todos ellos fueron quemados.

Así todo, algunas de sus obras -las menos controvertidas- sobrevivieron a la quema. Arte de trovar describe las cualidades del canto provenzal y las justas poéticas; Arte cisoria es un tratado de ciencia gastronómica; Tratado de la lepra gira en torno al origen y padecimientos de tan dramática afección; Tratado de consolación nació con el propósito de confortar a Juan Fernández de Valera, escribano del rey y víctima de una epidemia de peste que se había extendido por la ciudad de Toledo. Pese a su dominio de la lengua catalana, Villena adoptó el castellano como lengua literaria en un probable intento de dotar de fundamento a sus aspiraciones al Marquesado de Villena. Sus obras evidencian un hondo conocimiento de la Biblia y el santoral, así como de los autores latinos y los literatos del Renacimiento temprano. Testimonian la existencia de una mentalidad a medio camino entre los usos culturales del medievo y una inminente -si no ya incipiente- modernidad.

Esta confluencia de saberes queda de manifiesto en su opúsculo sobre el mal de ojo, Tratado de aojamiento, que incorpora los conocimientos de doctores musulmanes y judíos sobre tan polémica materia; Villena denuncia esta práctica como contraria a la Iglesia en repetidas ocasiones, quizá con la pretensión de alejar toda sospecha de herejía de la que pudiera resultar susceptible. Su obra más notable de entre las conservadas es Los doce trabajos de Hércules -escrita originariamente en catalán y traducida al castellano por el propio autor-, en donde se acerca a este episodio fundamental del mito del héroe. La voluntad del escritor es proporcionar un modelo de vida inspirador para todos los hombres, con independencia de la posición que éstos ocupen en la sociedad.

Enrique de Villena falleció en la villa de Madrid en 1434. Con su muerte, el linaje de los condes de Barcelona conoció su definitiva extinción, pues aquélla le sobrevino cuando aún no contaba con herederos y sin haber visto satisfechas sus aspiraciones al Marquesado de Villena. Su supuesto dominio de la hechicería lo transformaría en un motivo legendario de la tradición literaria en lengua castellana, bien como personaje en la obra de escritores señeros como Juan Ruiz de Alarcón o Francisco de Quevedo, bien como protagonista de historias populares como la de la Cueva de Salamanca, en donde el aristócrata es retratado como un alumno aventajado del Diablo.

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