De tanto pacer cómodamente en la pradera,

de tanto asumir gustosamente las herraduras,

los pegasos han olvidado cómo volar.

***

Hay que comerse el mundo a dentelladas

Hay que comerse el mundo a dentelladas.

 

Hay que sacar los dientes, pulirlos,

clavarlos con ahínco y rabia.

 

Hay que comerse la vida a dentelladas;

 

con mordiscos secos, intensos,

de puro y reluciente hueso.

Con bocados de corazón hambriento.

 

Hay que defender el mundo a dentelladas.

 

Hay que danzar entre rechinar de espadas;

de espadas a pecho descubierto.

Hay que vivir en permanente guardia,

defendiendo la vida cuerpo a cuerpo,

defendiendo la vida cara a cara.

 

Hay que descubrir la vida a dentelladas.

 

Hay que desenterrar estrellas de la arena,

hay que dibujar trazos de arco iris con los dedos

machados por la rutina, el trabajo y el tedio.

Hay que apartar niebla de las cabezas

con gritos de silencio y de conciencia.

 

Hay que sumergirse en el mundo a dentelladas.

 

Hay que escurrirse de las sombras sonoramente,

con estruendo de ideas y palabras.

Hay que escurrirse sonoramente

con redobles de actos y pasiones,

con puños de carcajadas.

 

Hay que atacar la vida a dentelladas;

 

caminar en la penumbra precaria,

caminar frente al poder y las pirañas.

No ceder terreno nunca al terror y la ignorancia.

Levantar la vista ácida hacia el mañana.

 

Hay que acariciar la vida a dentelladas;

 

arrebatarles el tiempo robado cada jornada,

esparcir abrazos entre timbres y pagas,

regalar ternura y devolver pedradas.

 

Hay que comerse el mundo a dentelladas.

Hay que comerse el mundo a dentelladas.

 

ALBERTO GARCÍA-TERESA (Madrid, 1980) es doctor en Filología Hispánica. Crítico literario y teatral, antólogo, ha publicado varios libros de estudios literarios, cinco poemarios y un libro de microrrelatos. www.albertogarciateresa.com

Foto: Alejandro Rebollo Roldán.

 

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