«Me desperté cuando el sol iba ya adquiriendo una tonalidad rojiza; y aquél fue el instante más singular de mi vida, el más extraño de todos, un instante en cuyo transcurso yo no supe quién era… Estaba lejos de casa, obsesionado y agotado por el viaje, en una habitación de un hotel barato en el que jamás había estado antes, oyendo el silbido del vapor que me llegaba de fuera y el crujido de la vieja madera del edificio y las pisadas de arriba, y todos los ruidos tristes, y miré hacia el alto techo agrietado, y por espacio de unos quince segundos no supe quién era. No sentí miedo. Simplemente era otro, un desconocido, y mi vida entera era una vida encantada, la vida de un fantasma… Estaba a medio camino de atravesar Norteamérica de costa a costa, entre el Este de mi juventud y el Oeste de mi futuro, y tal vez por eso me sucedió precisamente allí y en aquella extraña tarde roja.»

«En la carretera» (Anagrama, 2009), Jack Kerouac

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