Mantener intacta la motivación por seguir ganando, justo cuando se acaba de llegar a lo más alto, ha sido siempre un reto clave para los equipos que aspiran a formar parte de la historia legendaria del fútbol. Si a esto se le añade la pérdida de su jugador estrella, el desafío alcanza un nivel extraordinario.

Tras completar una temporada casi perfecta, con victorias en Premier y Community Shield y culminada en Roma con su primera Copa de Europa, con un estilo de juego elaborado y atractivo -a contracorriente del fútbol directo característico de las islas británicas- el Liverpool FC iniciaba una nueva campaña, la 1977/1978, con dudas en torno a la capacidad para prolongar un año más el nivel competitivo de un equipo que lo había ganado casi todo desde principios de la década de 1970. Estas dudas se acentuaron con la baja de Kevin Keegan, jugador estrella del equipo, ídolo de la afición y uno de los futbolistas más mediáticos del momento. Traspasado al Hamburgo, su fichaje por el conjunto alemán provocó una conmoción en todo el fútbol europeo y más especialmente entre los aficionados de The Kop.

Sustituir al referente del equipo de Merseyside no era una tarea fácil de llevar a cabo. La responsabilidad recaería en el escocés Kenny Dalglish, 26 años, como heredero del 7 de Keegan. El delantero del Celtic de Glasgow se convertiría en jugador red por 440.000 libras, una cantidad récord para la época. Curiosamente, Dalglish había sido rechazado para entrar en la cantera del Liverpool después de hacer unas pruebas con 15 años. Pero a pesar de este mal recuerdo, de la presión y de la gran dimensión de las expectativas creadas, el jugador escocés -que ya contaba con una exitosa trayectoria en su país natal- empezó pronto a justificar su fichaje y a convencer a los más escépticos. Rápido y habilidoso, su capacidad para asociarse y su gran olfato goleador fueron las cualidades que le permitieron integrarse a la perfección en el esquema de Bob Paisley, marcando 31 goles y terminando como máximo goleador en su primera temporada en el club.

Retenida la Community Shield un año más, la decepción por la pérdida Liga y Copa inglesas frente al Nottingham Forest sólo podía compensarse revalidando la Copa de Europa. Llevar nuevamente el trofeo de la máxima competición continental a las vitrinas de Anfield era la única forma de salvar la temporada. El FC Brujas, precisamente al que ya había arrebatado la Copa de la UEFA dos años antes, era el último obstáculo a superar para lograr el objetivo.

El camino a la final de Wembley no fue demasiado exigente para el Liverpool, eliminando al Dínamo de Dresde, Benfica y Borussia Moenchengladbach en las rondas previas. Más meritorio fue el del Brujas, finalista tras acabar con Panathinaikos, Atlético de Madrid y con la Juventus de Trapattoni y Bettega. Liverpool y Brujas, enfrentados en 1976 como equipos revelación en la UEFA, se ponían ahora a prueba en la gran final europea. Como vencedor en aquel duelo y más especialmente como vigente campeón -a lo que se le unía la celebración de la final en su propio país y las bajas por lesión en el Brujas- el Liverpool partía como claro favorito para alzarse de nuevo con el título. Pero lo cierto es que el equipo inglés se jugaba mucho más que un trofeo: su estilo de juego, un modelo legado por Bill Shankly, mantenido y mejorado después por Bob Paisley, toda una filosofía cuya continuidad podía estar ahora en manos del destino que Wembley decidiera.

El partido comenzó con dominio inglés desde el principio, con el Liverpool llevando la iniciativa en el juego y disponiendo de las mejores ocasiones. Pronto sin embargo quedaría claro que el Brujas no cedería fácilmente: el portero Jensen rechazaba una y otra vez los ataques de los reds y, gracias a su resistencia, los belgas comenzaban a sacudirse poco a poco el domino inicial de los ingleses. Hasta que llegó el momento de Dalglish: tras cazar un pase al hueco de Souness, marcaba el único y definitivo gol de la final con un delicado toque por encima de Jensen.

Wembley coronaba a Dalglish como el nuevo rey de The Kop y el LFC se convertía en el primer equipo inglés en revalidar la Copa de Europa. Pero, mucho más importante que eso, la victoria aseguraba la continuidad de un estilo de juego que llevaría al Liverpool a vivir la época más gloriosa de su historia. Los brazos en alto de Dalglish marcarían el inicio de su leyenda.


10 mayo de 1978
Wembley, Londres.

Liverpool 1 Brujas 0

Liverpool: Clemence, Thompson, Neal, Hansen, Hughes, Case, (Heighway, min.64), Souness, Mc Dermott, R. Keneddy, Dalglish y Fairclough.

Brujas: Jensen, Krieger, Bastijns, Leekens, Maes, (Volders, min.72), Cools, Vandereycken, De Cubber, Kü, (Sanders, min.60), Simoen y Sorensen.

Árbitro: Charles G.R. Corver (Holanda)

Gol: 1-0 Dalglish, min.64

 

No hay comentarios

Dejar respuesta