Las fiestas navideñas son fechas comúnmente asociadas a escenas alegres y familiares. Nuestras ciudades se cubren de luces, adornos, abetos y -con suerte- algo de nieve, mientras alegres melodías suenan de fondo. Dulces y chocolate caliente se venden por las calles al tiempo que los niños hacen cola para entregar su carta a Papá Noel o a los Reyes Magos. Todos estos ingredientes crean un escenario idílico, pero en contraste con él, la tradición germánica acoge una malvada criatura: Krampus.

Postal de Krampus (c. 1900)
Postal de Krampus (c. 1900)

En algunos países europeos como Alemania, Austria, Hungría, Eslovenia o República Checa, se observan vestigios de esta terrorífica figura navideña. Existen variantes acerca de su apariencia física o su forma de actuar en función de los distintos territorios, pero en todos ellos se muestra como un ser de aspecto diabólico.

Krampus es representado como una bestia con pelaje oscuro, garras, cuernos, lengua bífida y grandes dientes afilados; se trata de una criatura antropomorfa, espeluznante, mitad cabra y mitad demonio. Suele portar cadenas, una vara de abedul y un cesto de mimbre, instrumentos que utiliza para llevar a cabo su principal cometido: aterrorizar a los niños y niñas que se han portado mal. Para realizar su misión, los encadena, los azota y, en ocasiones, los toma como rehenes en su cesto y transporta hasta su guarida en los infiernos para allí corregir su conducta durante todo un año. Su presencia es advertida por el ruido de sus pezuñas y cencerros al caminar.

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San Nicolás y Krampus (c. 1900)

Es frecuente que Krampus comparta protagonismo con San Nicolás, responsable de llevar dulces y regalos a los niños que se han portado bien el día 6 de diciembre. Durante la noche del Krampus -en alemán Krampusnacht-, que transcurre entre el 5 y el 6 de diciembre, este personaje se encarga de encontrar a aquellos niños que se han comportado mal para atemorizarlos y castigarlos. De vez en cuando, Krampus y San Nicolás aparecen retratados juntos, como colaboradores cercanos que se complementan. San Nicolás, en su omnisciencia, sabría qué niños han sido desobedientes o traviesos y enviaría a su contraparte a visitarlos.

Aunque se desconoce el origen exacto de esta figura, ciertas leyendas apuntan a una posible descendencia de la diosa nórdica Hela, señora del inframundo, si bien su descripción recuerda también a los sátiros y faunos de la mitología grecorromana, quienes a menudo son representados -en este caso- persiguiendo a mujeres.

La presencia de esta bestia en las celebraciones navideñas estuvo prohibida durante muchos años por instituciones como la Iglesia católica o regímenes como el Tercer Reich. Sin embargo, ello no impidió su reaparición. En la actualidad, en algunos países de Europa Central -y principalmente en Austria- se celebran cabalgatas en las que no son pocos los que se disfrazan como estos seres demoníacos y persiguen y asustan al público asistente. Cientos de personas salen a las calles para presenciar una procesión de máscaras y disfraces grotescos.

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