Una figura humana avanza pesadamente por la llanura árida, camina tambaleante por el desierto. Travis, ataviado con una vestimenta ecléctica, zapatillas viejas, barba red-neck y gorra tipo “American Great Again” vaga por los pálidos cañones norteamericanos.

Así comienza la inolvidable París Texas, de Wim Wenders, película que es un hito en el cine alternativo estadounidense. El film de Wenders sirvió de inspiración para uno de los artistas más carismáticos de la generación X, Kurt Cobain. El fenómeno cultural del líder de Nirvana y su relación con la obra de Wenders arroja luz sobre el mundo grunge y nos ayuda a entender la actualidad.

París Texas es, sin duda, una de las películas de cabecera de la generación X: personajes agotados, decadentes y perdidos por escenarios deprimentes llenos de angustia. La generación X es la primera generación de jóvenes que se despiertan del American way of life. El viejo lema “vida, libertad y búsqueda de felicidad” no tiene sentido, en lugares decadentes donde no hay manera de ganarse la vida, donde la única forma de ser libre y feliz es autodestruyéndose.

El sueño americano se agota, el gen X junto con los primeros millenials son los padres de la generación Z y Alfa, una generación que puede vivir su propio y genuino nihilismo gracias a dos grandes crisis casi sucesivas, la crisis de capital del 2008 y la crisis sanitaria-económica del 2020. Entre 2008 y 2020 hay un sendero sinuoso donde apenas se encuentra espacio para la recuperación económica, y el tejido social y familiar queda seriamente dañado. Larga es la travesía por el desierto, el espejismo de la prosperidad se disipa, los pasos se pierden en un horizonte abrasador lleno de terribles presagios.

SMELL LIKE TEEN SPIRIT

Una sorprendente mezcla entre el heavy y el punk da lugar al grunge, un estilo de música capaz de sacudir violentamente los años 90, una nueva manera de entender la realidad. El grunge finiquita el optimismo juvenil de las generaciones anteriores. La generación X no huele a optimismo, todo lo contrario, el espíritu joven huele a olvido, a caer bajo, “With the lights out/it´s less dangerous./Here we are now, entertain us./I feel stupid and contagious”.

Sentirse estúpido por no saber qué hacer, por tener que entretenerse estúpidamente con las luces apagadas porque no hay mucho más que se pueda hacer. Kurt Cobain morirá poco tiempo después y entrará junto con Jimi Hendrix, Janis Joplin y Jim Morrison en el llamado “Club los 27”. La muerte de Cobain se ha explicado desde sus problemas con las drogas, desde el fracaso de su proyecto familiar con Courtney Love e incluso aventurando un posible asesinato por parte de Courtney… No hay gloria sin “conspiranoia”.

Sin embargo, parece que no se ha insistido suficientemente en que Cobain arrastrase un nihilismo existencial a partir de una inicial situación de pobreza y decadencia, una decadencia que lo empuja al consumo desenfrenado de drogas evasivas, marihuana, mezcla de sedantes y alcohol, y finalmente heroína.

El videoclip de “Smell like teen spirit” recrea un instituto que, según avanza la atronadora música de los de Seattle, termina siendo un macabro infierno, donde adolescentes decadentes no saben hacer otra cosa que saltar y golpearse entre sí tumultuosamente. La generación X queda caracterizada en apenas 4 minutos y medio.

El líder de Nirvana parece estar hecho para el espíritu de esos días, furioso, confuso y resentido, pero al mismo tiempo bello y creativo. Cobain es un héroe romántico de los 90, una belleza varonil atormentada capaz de ser el icono estético de toda una generación. La MTV no falló y convirtió al joven procedente de una familia humilde desestructurada en una estrella del rock.

SUPER 8 Y LA CABINA DEL PEEP SHOW

Hay varias escenas fundamentales en la película de Wenders. Una primera donde dos núcleos familiares realizan un viaje en una autocaravana. Pesca, paseos por el muelle. Entre todos realizan una filmación en Super 8. La verdad se desvela a partir de un aparato tecnológico, la secuencia de imágenes muestra un tejido familiar sólido, un tejido capaz repleto de buenos momentos juntos, pero también sólido en los malos tiempos. El hijo de una de las parejas, después de su divorcio, queda a cargo del otro núcleo familiar. He ahí la verdad que se desvela: el cuidado de los individuos por el tejido familiar.

Kurt Cobain, tras el divorcio de sus padres, pasa tiempo con su tío, el cual le termina regalando una guitarra. Tiempo después y con fracaso escolar mediante, Kurt termina siendo echado de casa por su madre por no contribuir a la economía familiar, por no trabajar. Parece que este aspecto fundamental de la historia vital del icono grunge es continuamente ignorado, esto es, que formaba parte de una familia de clase trabajadora y nuestro protagonista era un caso más de la exclusión social sufrida por muchos estadounidenses en los años 90.

La segunda escena fundamental es el reencuentro entre Travis y Jane en el Peep Show, un rencuentro enigmático donde un soberbio Harry Dean Stanton se enfrenta a Nastassja Kinski y a su pasado. Mediante un teléfono y un espejo que no deja ver nada a Jane, Travis se dirige a ella. Una comunicación desorientada en una cabina de Peep Show refleja las relaciones amorosas actuales. Desorientadas, desplazadas y descontextualizadas. Toda una tramoya de medios tecnológicos media entre las relaciones amorosas, los tejidos familiares y sociales se ven claramente alterados.

La soledad forzada por la vida desordenada de la globalización neoliberal nos brinda la capacidad de mantener relaciones amorosas o afectivas a partir de unos medios de telecomunicación asombrosos, pero sin embargo somos incapaces de mantener relaciones presenciales y auténticas. Puedes ver a tu pareja por videollamada, pero no puedes estar con ella, no puedes pasar tiempo efectivo de crianza, la conciliación familiar es dificultosa. Parecemos un Travis reconociendo a su exmujer por un espejo, nervioso, agotado, observando a su hijo Hunter calladamente sabiendo que no puede abordar su crianza de manera solvente y segura.

HUNTER, EL PAÍS DE LOS HIJOS

“¡Que importa el país de los padres! ¡Nuestro timón quiere dirigirse hacia donde está el país de nuestros hijos! ¡Hacia allá lanzarse tempestuoso, más tempestuoso que el mismo mar, nuestro gran anhelo!
F. Nietzsche, Así habló Zaratustra

Hunter es el hijo de un matrimonio roto, como Kurt Cobain. El referente paterno viene y se va, y el materno baja los brazos. Cobain se identifica primero con Hunter en su juventud y luego, cuando le toca ser padre, se convierte en Travis; por supuesto, Courtney Love cumple su papel de Jane. No se puede pedir más a la obra de Wenders, pues 7 años antes caracteriza fidedignamente la vida sentimental de la estrella del movimiento grunge.

La figura de Hunter es interesante para estudiar el presente: un hijo es un excedente de amor, perdura en el tiempo cuando la relación originaria se ha quebrado. Debemos de empezar a pensar en “el país de nuestros hijos” y lanzarnos hacia él tempestuosos. Las generaciones próximas parece que van atravesar un desierto yermo de estructuras familiares y sociales capaces de cobijarles del calor abrasador de las graves consecuencias de dos crisis casi consecutivas. La estratificación social se resiente, la desigualdad crece.

Según la profesora de economía de la Universidad de Alcalá Olga Cantó, “en los hogares son dos las principales vías por las que se pueden transmitir las oportunidades: una vía es directa, es decir, que por nacer en un determinado ámbito familiar ya cuentas con unas posibilidades debido a la actividad de tu familia, a sus relaciones y al tipo de vida que tiene; y otra vía, más indirecta, tendría que ver con el acceso a la educación”. Los datos de la OCDE nos dicen que un tercio de los hijos de la clase trabajadora continúa la misma condición laboral que sus progenitores. Desde una perspectiva más amplia, observamos que la movilidad de clases ha descendido claramente y las generaciones actuales lo tienen más difícil para ascender socialmente.

El ascensor social está seriamente dañado y con la incidencia del Covid puede ser que se encuentre en serio peligro, ya no se puede fiar todo a la influencia indirecta del sistema educativo, no es suficiente y además el sistema de concertación educativa habilita una verdadera segregación elitista. Queda, por tanto, lanzarse con decisión a la vía directa, la vía de la igualdad, facilitar condiciones materiales de vida favorables a las familias, abandonar la senda de la meritocracia y avanzar por la de la igualdad material.

Los próximos años serán vitales para la estructuración social. Los fondos europeos, la posible reconstrucción industrial son oportunidades que se deben aprovechar para la mayoría social. El nihilismo avanza lento pero seguro, sino se toman las medidas adecuadas las estructuras sociales se pueden resquebrajar y dando lugar a verdaderos cataclismos electorales. No habrá fortalezas electorales seguras, no habrá una casita esperándonos en París, Texas.

 

1 Comentario

  1. Muchas gracias, Oliverio, por semejante articulo. Sin duda, una gran comparativa entre dos grandes figuras que desde luego supieron marcar a la sociedad como iconos de toda una generacion. Sin duda, el lector agrece el sagaz paralelismo y la descripcion de tan bien elegida dupla.
    Una lastima, sin embargo, que la tematica se desvie en los ultimos compases y hierre en su conclusion.
    En efecto, las notas finales ligando la soledad y el desorden con la globalizacion carecen de sentido y justificacion. Los datos de la OCDE son reveladoramente optimistas al indicar que dos tercios de los hijos de clase trabajadora logran mejorar su situacion socio-economica. En pocas sociedades del mundo y de la historia cabria esperar algo mejor! (Si acaso, en las arcaicas sociedades antes de que los primeros reinos se forjasen ya que, cuanto mayor ha sido el Estado, menor mobilidad han tenido los estamentos). Asi, el mismo Kurt Cobain, no hubo de trabajar en los trabajos a los que por su estrella estaria avocado sino que eligio una profesion que le llenaba (o que le permitia sentirse realizado en su vacio) y es una prueba mas de que con esfuerzo (pues no pocas horas y dedicacion puso en sus composiciones) el ascensor social puede estar al alcance de cualquiera.
    Dios no ha muerto. No del todo. Y el valiente Nietzsche, que en su momento contemplo a una sociedad libre de ataduras tomando el timon para forjar su propio destino y servir de puente hacia el super-hombre, tendria que admitir hoy en dia que faltan muchos seres superiores a los que matar para que podamos, con coraje y determinacion, tomar las riendas de nuestra propia libertad. Ya sea obedeciendo a lideres religiosos, politicos o de cualquier indole, las personas llevan centurias asemejandose mas a las mansas manadas que son pastoreadas en lugar de seres realmente libres y duenos de su propio destino.
    Despojemonos ya del Estado y creamos en lo que podriamos ser por nosotros mismos. Los tiempos que nos han tocado no conducen a la soledad o a relaciones interpersonales vacias o condenadas a la distancia y vaga dedicacion. Naturalmente resulta mas facil echarle la culpa a agentes externos, pero desde luego la tecnologia y el liberalismo estan lejos de ser los culpables (en todo caso, te dan la libertad de elegir donde estar geografica y espiritualmente para disfrutar del presente en cuerpo, mente y espiritu). Hagamonos responsables de nuestros deseos y decisiones! Y seamos valientes para tomarlas, para agarrar el timon de nuestras vidas, dejar de delegar en otros que las gobiernes y embarcarnos en el camino para descubrir el pais de nuestros hijos. Un fascinante camino en el que sean nuestros pasos, los de cada uno de nosotros, los que nos lleven a desarrollar nuestros proyectos personales y podamos, al echar la vista atras y al horizonte, ver las estelas en la mar.

    Nota aparte: aunque no estoy seguro de ello y obviamente las razones pueden ser varias, creo que el abuso de drogas de Kurt Cobain no se deberia a la pobreza sino a los dolores cronicos de estomago que sufria. Tal vez el autor quiera investigar este tema anecdotico y editar, si lo estima oportuno, una nota aclaratoria.

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