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El té

La más anciana de las leyendas chinas que relatan el descubrimiento del té se remonta al año 2737 a. C. Esta cuenta cómo el emperador Shen Nong pone agua a hervir para purificarla y se queda dormido. Al despertar, observa que unas hojas han caído en el líquido y lo prueba, descubriendo las cualidades estimulantes y desintoxicantes del té.

Durante casi 5000 años, el té ha sido cultivado, procesado y consumido en multitud de formas según el lugar, la época y las costumbres sociales. Se consumía en polvo y mezclado con agua salada, e incluso jengibre y cebolla, en la dinastía Tang (del 618 al 907 d.C.); en infusión y mezclado con mantequilla y harina, como nos describe Alexandra David-Néel en su peregrinaje por el Tíbet; o incluso batido. Esta última forma, que se hizo popular en China durante la dinastía Song (del 960 al 1279), es la que se instaura en Japón en el siglo XII y la que se conserva aún hoy en el cha no yu o ceremonia del té. Las hojas de té secas se muelen obteniendo un polvo muy fino (matcha) que se bate a continuación en un bol obteniendo una «mousse de jade».

Es el monje Eisai (1141-1215), fundador de la secta Rinzai de budismo zen, quien importa en 1191 el método de preparación del té batido, así como las primeras semillas de árbol de té que se plantarían en el país del sol naciente. El té se vuelve popular en Japón, siendo consumido no sólo por los monjes sino también por los letrados y hombres de estado. En el siglo XIII los nobles ya se reúnen para beber el té en suntuosas ceremonias de gala y los samuráis lo han integrado a su modo de vida. En los siglos XV y XVI, los grandes maestros del té entran en escena, instaurando el chado o «camino del té» y el cha no yu o ceremonia del té (literalmente «el agua del té»).

El chado 

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Puerta de entrada tradicional al pabellón de té

El chado es el arte de vivir según un código ético y moral de acuerdo con la esencia del té. Okakura Kakuzô en El libro del té (1906) lo define como una filosofía que expresa una concepción global del hombre y de la naturaleza. El chado es accesible a todo aquel que considere el té como un modo de vida a través del cual descubrir la belleza escondida de los seres y los objetos.

La parternidad del chado se atribuye al monje zen Murata Shuko (1422-1502). Este monje aprendió de su maestro Ikkyu que el espíritu de Buda podía estar presente no sólo en la ingesta del té, sino también en los gestos ligados a su preparación. Shuko fue el primero en simplificar los códigos de la degustación y en servir él mismo el té a sus invitados en una cabaña rústica y austera. El chado se simplifica de acuerdo con el ideal zen gracias a Takeno Joo (1502-1555) y su discípulo Sen No Rikyu (1521-1591). Rikyu establece las normas del chado e identifica la armonía, el respeto, la pureza y la tranquilidad como sus cuatro principios fundamentales. También integra la filosofía wabi, que consiste en trascender el materialismo por la interacción humana y sugiere la belleza en la imperfección.

El cha no yu

El cha no yu es una forma de expresión del chado, una ceremonia extremadamente codificada que incluye varios centenares de procedimientos diferentes. Su objetivo es el de alcanzar una dimensión espiritual ofreciendo y recibiendo el té en una atmósfera humilde y en armonía, siguiendo los principios de Rikyu y sus siete reglas. Estas reglas evocan de forma sencilla y sintética las maneras y procedimientos a tener en cuenta durante la ceremonia. Cuando comprendemos su esencia somos conscientes de la exigencia, el esfuerzo y la continua vigilancia que conlleva el ritual. Las siete reglas son:

  • Dispón las flores tal y como se encuentran en el campo (evocar la naturaleza en su simplicidad).
  • Dispón el carbón de forma que caliente el agua (el anfitrión debe esforzarse, mostrarse competente y ser sincero).
  • En verano, evoca la frescura.
  • En invierno, evoca el calor (todo debe hacerse de manera que los invitados estén confortables, haciendo coincidir el ambiente con el humor de la estación).
  • Adelanta al tiempo en todo momento (debe planificarse cuidadosamente hasta el más mínimo detalle).
  • Prepárate para la lluvia (el anfitrión debe ser capaz de adaptarse a toda circunstancia).
  • Concede la máxima atención a cada uno de tus invitados.

La imagen que la mayor parte de los extranjeros tenemos de la ceremonia del té es la del chakai. El chakai no dura más de 30 o 45 minutos y es una ceremonia en la que se sirve un té ligero (usucha) acompañado de dulces como el mochi.

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Ceremonia del té (cha no yu)

Sin embargo, existe un segundo tipo de ceremonia del té, el chaji. Esta ceremonia es más formal, dura entre tres y cuatro horas y reúne a un número máximo de cuatro participantes. Primero, los invitados son recibidos con honores en el jardín y son invitados a una comida (kaiseki) en el pabellón de té. Tras una pequeña pausa, el anfitrión prepara y sirve el koicha, un té matcha espeso, y más tarde un usucha, con otra pausa en el jardín entre ambos. Este momento es más formal e incluye fórmulas de cortesía, de respeto y momentos de recogimiento.

Este es el tipo de ceremonia en la que podemos imaginar que sobrevino la muerte de Rikyu, condenado al seppuku por el emperador Hideyoshi. Según la leyenda, en su última ceremonia del té junto a sus allegados, Rikyu rompe su bol diciendo «los labios de la desgracia se han posado sobre este bol, ningún hombre debe volver a beber de él», para luego, en silencio, suicidarse según el seppuku con honor y dignidad.

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