Portland, Estados Unidos, 1981. En plena edad dorada del arcade, un nuevo título causa estragos entre los jóvenes asiduos a las salas recreativas: Polybius. Adicción, náuseas, alucinaciones, migrañas, pesadillas y tendencias suicidas son sólo algunos de los males que se le atribuyen. Individuos ataviados de negro rondan por los salones con el objeto de recabar sus datos. Serán los responsables de retirar las máquinas tan pronto como se propaguen rumores acerca de la desaparición y muerte de sus usuarios.

Polybius es la leyenda urbana por antonomasia del mundo de los videojuegos, un enigma cuyas raíces no son fáciles de rastrear, pues engarzan mito y realidad. El juego parece tomar su nombre del historiador griego Polibio de Megalópolis, rehén ilustre de Roma, más conocido por su influyente obra Historias y artífice de un ingenioso sistema de cifrado con fines bélicos. Lo cierto es que casi todo cuanto se ha dicho a propósito de Polybius pertenece al ámbito de la especulación y la fantasía.

La alusión más temprana a este videojuego se encuentra en Coinop.org, portal de referencia para la comunidad arcade fundado en 1994. La entrada correspondiente, con fecha del 3 de agosto de 1998, plantea más interrogantes que respuestas. Tan sólo se hace eco de la versión más extendida de esta leyenda urbana, la cual vincula la producción de Polybius con una empresa llamada Sinneslöschen, que, en un alemán macarrónico, querría decir algo así como «inhibidor sensorial».

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Videojuegos (David Sánchez, 2012) | Astiberri

Sin embargo, como ya desvelara Brian Dunning en una exhaustiva investigación para Skeptoid, existen no pocas razones para suponer que esta historia parte de una base real. Los casos de los jugadores Brian Mauro y Michael Lopez -ambos documentados- constituyen un sólido argumento en favor de esta tesis. Según informaron los diarios The Oregonian y The Eugene Register, a finales de noviembre de 1981, un adolescente llamado Brian Mauro experimentó una suerte de colapso tras jugar durante 28 horas consecutivas al videojuego Asteroids en un fallido intento por establecer un nuevo récord de puntuación. Michael Lopez, quien aquel día se hallaba en el mismo salón arcade, el Malibu Grand Prix, padeció una profunda migraña -la primera de su vida- tras jugar a Tempest, hasta el punto de sufrir un desvanecimiento del que se dio parte a la policía.

Por esas mismas fechas, ciertos recreativos de Portland fueron el objetivo de una peculiar redada encabezada por el FBI. Las máquinas de dichos salones habían sido alteradas y transformadas en juegos de apuestas, acción que iba en contra de la legalidad vigente. La presencia de los icónicos men in black en los meses previos a la operación fue un ingrediente hasta cierto punto usual en los locales de ocio electrónico, por entonces foco de un considerable abanico de actividades delictivas.

La primera mención impresa a Polybius aparece recogida en la revista especializada GamePro y data de 2003. Sin embargo, ya en un momento tan temprano como el año 1984, la novela Arcade -escrita por Robert Maxxe- y el largometraje Starfighter: la aventura comienza -dirigido por Nick Castle- aportaron narraciones que presentan varios puntos en común con la controvertida leyenda urbana, como la intervención de los hombres de negro o los perturbadores efectos de un videojuego maldito sobre las mentes de los jugadores.

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Polybius en Los Simpson | 20th Century Fox

Mucho se ha conjeturado acerca de la apariencia y la finalidad de Polybius, del que no se conserva ROM alguna. La mayor parte de los testimonios coinciden en describirlo como un exuberante despliegue de efectos estroboscópicos, formas numéricas y mensajes subliminales. Quizá una de las hipótesis con mayor aceptación sea la que apunta hacia su supuesta combinación de gráficos vector y raster, una quimera allá por 1981, como ya señalara la periodista Cat DeSpira en su blog.

Los extraños sucesos que circundan la historia de Polybius han ofrecido un territorio fértil para el desarrollo de teorías de la conspiración. El empleo de videojuegos como herramienta de reclutamiento por parte de las fuerzas armadas estadounidenses es bien conocido, como atestigua America’s Army, promovido desde la propia institución a partir del exitoso motor Unreal Engine. Se trata de un shooter gratuito en primera persona que simula escaramuzas militares en el seno de pequeñas unidades tácticas. Desde esta perspectiva, la idea de que el Gobierno de los Estados Unidos explorara el potencial de los videojuegos para el control mental de los individuos -como ya hiciera con el LSD en el marco del Proyecto MKUltra- no es del todo inverosímil.

Así pues, no es sorprendente que una leyenda urbana como la de Polybius haya incrementado su popularidad con el paso del tiempo. Su estrecha relación con la forma de entretenimiento más importante de los últimos años, el vertiginoso progreso de Internet y un indiscutible componente de credibilidad han contribuido de forma decisiva a que así sea.

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