La primera pregunta que puede surgir en tu primera visita a Budapest cuando te invitan a ir a un “bar ruina” o ruinpub (o Romkocsma, en húngaro) seguramente sea “¿Quién querría ir a un bar que seguramente se caiga a pedazos?”. Con toda certeza las preguntas que le sigan estén relacionadas con la seguridad y la higiene del lugar, acompañado de un consuelo infundado de que al menos las sustancias alcohólicas que ofrezcan serán más baratas. Ay, ay, ay. Como se suele decir, las primeras impresiones nunca fueron buenas y, aunque cuando llegas a un bar ruina por vez primera parezca que tus miedos y consuelos se cumplen, es una falsa ilusión. Por suerte, acabas descubriendo un nuevo mundo en tu vida nocturna que desconocías por completo y te preguntas cómo es posible que en tu ciudad no exista algo parecido o cómo nadie ha tenido la genialidad de exportar la idea.

Pero retrocedamos a ese momento en el que te dicen que has llegado y te encuentras ante un edificio de cuatro plantas con las ventanas tapiadas, una fachada que al menos tiene doscientos años más que tú y una puerta oscura con algún gorila sacado directamente de la mafia rusa. Ante todo…¡Calma! No te están secuestrando, de verdad.

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FOTO: Lydia Alegría.

Por dentro se puede comprobar que la estructura original del edificio se conserva tal cual, solo que ya no existen puertas. Esto es así porque hacia el año 2000 distintos colectivos empezaron a ocupar muchos de los edificios abandonados que se encontraban principalmente en el distrito VII o también conocido como el distrito judío, ya que fue el gueto judío durante la Segunda Guerra Mundial. No obstante, aunque los más conocidos y principales bares ruina se encuentren en este distrito, no impide encontrar otros en lugares un poco más alejados.

¿Qué es lo que caracteriza a la mayor parte los bares ruina? A parte de ocupar edificios antiguos y abandonados, claro. La respuesta es sencilla, el horror vacui. Precisamente, ese aspecto en común es lo que hace a un bar ruina tan diferente de otro. Uno puede pensar que está es una especie de exposición de arte que tiene un sentido, aunque difícil de entender, y otro que simplemente han decorado el edificio con lo primero que se han encontrado en la basura. Mi opinión es que unos y otros tienen razón. Es más, con el tiempo se aprende a distinguir el estilo y las señas de identidad de cada uno de ellos.

Vale, sigamos, edificios ruinosos decorados de forma caótica, pero ¿uno se divierte ahí como para salir de fiesta a estos lugares? ¡Claro que sí! Ya solo el hecho de recorrer un bar ruina entero y sus distintas habitaciones, que tienen decoraciones muy distintas, se te pasa el tiempo volando. Hay que pensar en un bar ruina como en un conjunto de bares; hay distintas salas donde se ponen distintos tipos de música, áreas para conciertos de música alternativa, zonas tranquilas para sentarte y charlar o zonas donde te puedes pedir una buena hamburguesa o chocolate caliente. Ahora ponte en situación, Budapest a no sé cuantos grados bajo cero, ¿a qué se agradece tener todo a mano sin salir a la calle a quedarte como un témpano para cambiar de bar? ¡Pues eso! ¡Gran invento!

Dicho todo esto, ahora ves los bares ruina con otros ojos y quieres conocerlos, lo sé. ¿Cuántos hay y a cuáles puedo ir? Hay muchos y un turista debe ir a los más conocidos, pero si por casualidades de la vida te toca vivir allí, lo divertido es ir descubriéndolos poco a poco.

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FOTO: Lydia Alegría.

El buque insignia de los bares ruina (y el más turístico, todo sea dicho) es el Szimpla Kert (Jardín Único). Cuando abrió en 2001, Budapest no había visto nada igual y fue cambiando de lugar hasta su ubicación actual en la calle Kacinczy. Un lugar que, a pesar de ser grande y del aparente caos, resulta bastante acogedor. El espacio central, cuyo techo está abierto, en muchas ocasiones se convierte en un cine al aire libre y, si está disponible, podrás sentarte en una de sus mesas que consiste en un antiguo coche Trabant. Si te apetece tranquilidad, en las dos plantas hay espacios tranquilos, por ejemplo, en la entrada podrás fumar relajadamente una cachimba y en otra habitación, arriba, podrás simplemente sentarte y relajarte mientras escuchas música bastante armoniosa. Pero si te entra hambre, dispones de todo un arsenal de comida disponible en varias zonas. ¿Comida rápida de pizza prefabricada? En la entrada. ¿Hamburguesas más elaboradas? En la planta de arriba, donde además podrás empacharte sentado en una bañera. ¿Un chocolate caliente? Pues también. ¿Y qué pasa? ¿Que no hay alcohol? ¡Pues a raudales por todas partes! Y como es de esperar de un lugar turístico, los precios son más caros de lo normal, pero sin dejar de ser asequible.

Cruzando la calle Rákóczi,  en la plaza Blaha Lujza está el Corvin Tetö, convertido hoy en día en un icono de la música electrónica al que DJs internacionales acuden con frecuencia. Destaca por tener la misma estructura que un ruinpub con varias plantas y salas, pero sobre todo por la enorme terraza en la azotea del edificio.

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FOTO: Lydia Alegría.

Otro de mis favoritos y que llama la atención por ser “extraño” (por decir algo, ya que lo extraño es lo común), es el Instant, situado en la llamada “calle Brodway de Buapest”. Tiene exactamente el mismo concepto de ruinpub de edificio entero okupa, muchas salas con música distinta y barras en las que pedir cosas variadas, pero en esta ocasión el horror vacui es menor, lo que no quita que nos encontremos decoraciones un tanto singulares y, a la vez, bastante emblemáticas en el lugar, como la hilera de figuras de conejos corriendo por el techo o la figura mitad búho, mitad mujer.

Si coincide que un lunes estás por Budapest, no faltes al Morrison’s. Hay en total unos cuatro, pero el número 2, situado al lado del puente Margit es el que mejor asimila el concepto de ruinpub en cuanto a estructura (muchas salas con música muy variada, zona de karaoke, etc.) pero no en cuanto a decoración. ¿Por qué digo de no faltar un lunes? Porque es cuando más animado está y, al pagar los 500 ft de la entrada (1,80 € más o menos), tienes derecho a consumir tres cervezas. Nada mal ¿eh? Eso sí, hay que pedirlas antes de las 23:00 horas. Es duro, pero el español tiene que adaptarse a los horarios de fiesta de Hungría, es decir, salir pronto y volver pronto.

Igualmente hay bares ruina que, aunque no ocupan edificios enteros, sí que tienen ese espíritu decorativo estilo horror vacui de segunda manno. Mi ejemplo favorito, por estar en frente de la que era mi universidad Eötvös Loránd, es el Csendes (Silencioso). Este bar ruina, como su nombre indica, es mucho más tranquilo que el resto y es ideal para tomarse un café durante el día o salir en plan muy relajado para ir pronto a casa. La decoración aquí no tiene nada que enviar a la del emblemático Szimpla, pero sí mucho más pequeño.

Por último, quiero mencionar uno que no es estrictamente un bar ruina, pero que a mí me lo recuerda en algunos aspectos. Estoy hablando del A38 (Artemoszk 38), un antiguo barco de la URSS construido en 1968 (renovado en 2003) y que fue considerado el mejor pub del mundo por la Lonely Planet. Tal vez sea así no sólo por sus programaciones de eventos y conciertos, sino que también por su situación privilegiada a orillas del Danubio y sus correspondientes vistas, especialmente durante la noche con las iluminaciones de los puentes y la ciudad.

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FOTO: Lydia Alegría.

¿Queréis que siga? Pues lo siento mucho. Os va a tocar a vosotros descubrir el resto. Como he dicho, no veréis ninguno igual y lo interesante será dejarse sorprender sin ningún tipo de prejuicio. Solo hacen falta las ganas de pasarlo bien.

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