El pintor santanderino Luis Quintanilla (1893-1978) nunca imaginó el destino que le esperaría al encargo más importante de su carrera profesional, un conjunto de frescos para decorar el pabellón español en la Exposición Internacional de Nueva York de 1939. El desenlace de la Guerra Civil y la caída del Gobierno republicano frenaron en seco la construcción del pabellón y las obras ni siquiera llegaron a ser colgadas. Quintanilla quedó condenado al exilio y sus frescos al abandono durante más de cincuenta años, hasta ser hallados en un cine porno de la ciudad norteamericana y finalmente recuperados por la Universidad de Cantabria en el año 2006.

“Ama la paz y odia la guerra” está compuesto por cinco grandes paneles: Pain (Dolor), Destruction (Destrucción), Escape (Huida), Soldiers (Soldados) y Hunger (Hambre). Luis Quintanilla pintó estas obras desde su exilio neoyorkino, creando una elegía personal sobre la Guerra Civil. La fuerza de los frescos reside en su sentido poético, ya que no relatan un episodio concreto de la guerra sino que denuncian la destrucción, la tristeza y el dolor que esta produce, evidenciando su patetismo. Las figuras, en las que abundan mujeres y niños, son mudas pero comunican gracias a sus gestos, exteriorizando las emociones y sentimientos que el artista busca transmitir.

La obra refleja asimismo elementos presentes en la propia formación de Quintanilla (estancias en París y Florencia), así como referencias a sus grandes amistades en Estados Unidos (periodistas como Herbert Matthews y escritores como José Bergamín y, más especialmente, Ernest Hemingway) e incluso también a Francisco de Goya. Pero, por encima de todas estas influencias, destaca una evidente afinidad con el “Guernica” de Picasso. Ambas obras fueron encargadas por la misma institución y persiguieron idéntico objetivo: denunciar la fatalidad de la Guerra Civil española a nivel internacional. Sin embargo, la repercusión de uno y otro trabajo fue muy distinta. El “Guernica” se convirtió rápidamente en un icono del rechazo a la violencia, una de las obras más representativas del siglo XX, mientras que los frescos de “Ama la paz y odia la guerra” permanecieron en el olvido durante décadas.

Aunque Quintanilla no pintó los frescos en España sino desde el exilio, sí fue testigo en primera persona de la guerra e implicado con la temática reflejada en su obra, conformándose así como un artista comprometido con la realidad que le tocó vivir. En comparación con el “Guernica”, “Ama la paz y odia la guerra” muestra la otra cara de la moneda: tanto por su temática como en su propia historia de olvido, deterioro y regreso tardío: incomprendida en Estados Unidos, ignorada en Europa y repudiada durante mucho tiempo en España.

Las actividades programadas en 2014 por la Universidad de Cantabria con motivo del 75 aniversario de su creación, así como la declaración como Bien de Interés Cultural (BIC) por parte del Gobierno regional son dos buenas iniciativas para asegurar su protección y otorgarle una visibilidad a una obra que, por su valor histórico, artístico y cultural merece un reconocimiento al más alto nivel.

 

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