Revista Amberes dedica su segundo ESPECIAL al escritor portugués Fernando Pessoa (1888-1935). Sin vocación de exhaustividad, se pretende realizar una presentación de algunos de los elementos claves de la obra de un autor poliédrico e inclasificable.

Fernando Pessoa es reconocido, entre otros méritos, por la creación de heterónimos, personajes con vida propia e independiente del creador, que desarrollan su propia obra a partir de psicologías, creencias, filosofías y experiencias particulares. Este será uno de los hilos conductores del Especial, al que se sumarán otras cuestiones, tales como la influencia en otros autores contemporáneos o la presencia en otras manifestaciones artísticas.

Bajo estas líneas se irán publicando los contenidos preparados para rendir homenaje a un autor fundamental, no sólo de las letras portuguesas, sino de la literatura universal.

En 1859, el escritor británico Edward FitzGerald (1809-1893) publicó la primera traducción al inglés de los poemas de Omar Khayyam, sabio persa del siglo XI. En un ejercicio de honestidad, el propio FitzGerald reconocería la falta de rigor de su trabajo, debida en gran parte a su muy limitado conocimiento de la lengua persa, el farsi, así como al empleo de manuscritos cuya autenticidad ha sido puesta en entredicho. Pero a pesar de sus no pocos defectos, la obra, titulada Rubáiyát of Omar Khayyam, obtendría un éxito incontestable, lo que posibilitaría que uno de sus ejemplares llegara a manos de un joven portugués anglófono, Fernando Pessoa (1888-1935). De este modo, las vidas de un poeta persa, un traductor victoriano y un escritor portugués quedarían entrelazadas a través de los siglos.

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Omar Khayyam (Works of Edward FitzGerald, 1905) | Adelaide Hanscom

En su traducción, FitzGerald ofrece un retrato sesgado de la personalidad de Khayyam, ya que si bien lo perfila como un destacable matemático y astrónomo, al mismo tiempo parece soslayar su íntima conexión con la mística islámica del sufismo. Así pues, el valor simbólico que poseía la imagen del vino en la poesía persa de la Edad Media se difumina en la versión inglesa de los poemas, en la que aparece asociada al hedonismo. ¿Quién fue, pues, Omar Khayyam? Nacido en Nishapur (actual Irán), Khayyam vivió a caballo entre los siglos XI y XII. Durante su transcurso, compuso una serie de poemas en farsi conocidos como rubai, cuartetas cuyo número total se desconoce. Con motivo de su transmisión, buena parte de estos versos se vieron alterados en uno u otro sentido por sus seguidores. No fueron pocos los que firmaron sus propias composiciones ocultos tras el prestigioso nombre del poeta, ora por su deseo de imitarlo o bien para sortear toda sospecha de herejía. Este corpus de poemas es conocido como Rubaiyat.

Pessoa era consciente del filtro occidental introducido por FitzGerald con su traducción, que hizo de Khayyam un meditador escéptico, un celebrador de los efímeros placeres de la existencia. Así lo atestigua su copia de Rubáiyát of Omar Khayyam (1910), repleta de subrayados y anotaciones, en donde aparece recogida la siguiente reflexión: «O[mar] K[hayyam] fue, no el autor, sino la inspiración, de FitzGerald». Dadas las inclinaciones autorales de Pessoa, esta reinvención hubo de resultarle de lo más sugerente, habida cuenta de su predilección por la creación de heterónimos. Esta hipótesis gana entidad si se tiene en consideración que Pessoa accedió a otras traducciones al inglés que no disminuyeron su fascinación por la versión de FitzGerald. De hecho, esta inusitada atracción lo empujaría a la consulta de los trabajos de reputados orientalistas como Edward Granville Browne o Edward Denison Ross, además de a la lectura de un buen número de poetas sufíes, de entre los que sobresalen Hafiz y Rūmī.

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«Em flagrante delitro!» (1928) | Manuel Martins da Hora

Ya en 1913, Pessoa protagonizó un primer intento de publicar una antología del Rubaiyat consistente en la traducción al portugués de un conjunto de poemas seleccionados al efecto. Esta antología habría estado acompañada de un ensayo en torno a la filosofía de Khayyam -a partir de su reformulación por FitzGerald- del que se conservan algunos fragmentos. El escritor luso sintetiza su pensamiento en la fórmula que denomina «ideal caótico», una amalgama de pesimismo, tedio y epicureanismo. Entre 1926 y 1935, año de su fallecimiento, Pessoa tradujo unos cuarenta y dos rubai al portugués y compuso un mínimo de setenta y dos cuartetas en las que emula el estilo del autor persa, con el que compartía unas mismas tribulaciones. Pero salvo por la publicación de tres de estos poemas en la revista Contemporânea, la mayor parte del Rubaiyat de Pessoa quedó inédito a su muerte y tardaría aún muchos años en conocer una edición definitiva.

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