Y fue tan cuerpo que fue puro espíritu. 
Clarice Lispector 

 

Miras el precipicio desde abajo.
Antes, has salido boqueando
de entre dos inmensas rocas.  

La cuerda, amarre en tierra,
sostenida por una mano amiga:
confianza ciega,
el peso de la compasión. 

El tiempo desafía al vértigo.
Asciendes  
mientras te dices
que aún puedes perder el tiempo 
sin perder la vida entera. 

Cada largo es una búsqueda:
el juego en la pared,
el baile de un trayecto. 

Posas tu mano en la reunión.
Encadenas una vía, como se llega a un sueño. 

Otras cosas suceden mientras tanto. 

Ahora toca volver a aquello de lo que huyes,
de lo que tratas de salvarte. 

Desatas el nudo de la indagación.
Desciendes. 

Caes al vacío del que saliste.  

Se tensa la cuerda. 

Fotografía: Revista Amberes.

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