No llames a esta puerta. Soy sin sol.

Anubarrado, anónimo, a cubierto.

No despejes la umbría, adénsala

y déjala estancada en mi recámara.

Sin sol y sin dolor, sin sol y solo.

La inclinación del flexo me sustenta

y es cuanto centelleo necesito.

No palabras, no daño, no caricias,

ni siquiera tu enjuto hombro derecho.

Callo y recojo mi naturaleza,

la escindo de cualquier materia obvia,

como página ardiendo me retraigo.

En este aborrascado abatimiento

soy sellado silencio sucesivo.

El sol no me redime ni me abruma,

pues nunca comparece en mi canción.

No golpees esta puerta, no quebrantes

la vastedad de mi confinamiento.

La luz está de sombra y no reclama

nada que pueda daros, a ella, a ti.

Poema de Rafael Fombellida. Ha sido ilustrado por Álvaro Fombellida para Revista Amberes.

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