Soy quien camina leyendo el libro de las horas.

Llevo el sol en los ojos

y a veces me ofusca el brillo indecente de las armaduras,

el goteo incontable de las humillaciones,

la naturaleza vil del que no perdona.

 

Soy el que desciende al invierno de las nieves perpetuas

en donde todo permanece,

el lugar en el que sobreviven los peces muertos y los verdugos.

Soy el que baja a los oscuros designios de los altavoces.

Soy el que cruza la medianoche.

Llevo pájaros sobre mi cabeza:

un mirlo que entona la canción de los olvidados

y el penacho rojo del carpintero.

 

Soy el que camina por la sombra del amanecer.

Voy leyendo a Juan Carlos Mestre, a Ledo Ivo, a Jorge Teillier,

a Juan Manuel Roca voy leyendo.

Voy leyendo el surco de los perros en la hierba crecida.

Voy leyendo el viaje de la tristeza,

Voy atravesando el confín del desaliento,

las lágrimas de la memoria.

Y en el rescoldo de los sueños voy.

 

Un poema de Mariano Calvo Haya.

Foto: Alejandro Rebollo Roldán.

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