En su faceta como dramaturgo, Federico García Lorca es asociado por el gran público con piezas teatrales como Bodas de sangre, Yerma o La casa de Bernarda Alba. Estas obras lo hicieron merecedor de aplausos y alabanzas que se prolongaron mucho más allá de su trágica muerte en el verano de 1936. Pero el poeta, disconforme con la escena teatral de su tiempo, fue también autor de una serie de textos que él mismo etiquetó como teatro imposible o teatro irrepresentable debido a su talante vanguardista. Se trata de las obras Así que pasen cinco años, El público y Comedia sin título.

Tras el resonante éxito de su Romancero gitano y después de pasar por varios reveses emocionales, Lorca se embarcó en un viaje a Nueva York en 1929. Su paso por la metrópoli estadounidense tendría una gran influencia sobre su obra poética posterior y le haría entrar en contacto con nuevas formas de hacer teatro. La experiencia despertó un entusiasmo inédito en Lorca, que se entregó a la creación de un teatro nuevo, distinto de cuanto había escrito con anterioridad. Decía en una carta a sus padres: «He empezado a escribir una cosa de teatro que puede ser interesante. Hay que pensar en el teatro del porvenir. Todo lo que existe ahora en España está muerto. O se cambia el teatro de raíz o se acaba para siempre. No hay otra solución.»

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Esta preocupación y las muchas reflexiones a las que dio origen las encontramos diseminadas en entrevistas, declaraciones públicas y cartas dirigidas a sus amigos. Lorca estaba hastiado del teatro que se hacía en la España de aquellos años. La escena nacional se había instalado en una comercialidad y una condescendencia que hacían peligrar su estatus de arte. La institucionalización de este teatro burgués contrastaba con las nuevas corrientes estéticas de vanguardia y sus pretensiones de ruptura con lo establecido, unos valores de los que Lorca se contagió de inmediato. Las propuestas del surrealismo habían irrumpido desafiantes, y la influencia de trabajos como Seis personajes en busca de autor (1920), de Luigi Pirandello, u Orfeo (1926), de Jean Cocteau, no tardó en hacerse notar en el teatro europeo del momento.

Lorca propugnaba la urgente necesidad un teatro nuevo -un «teatro bajo la arena», como él mismo lo llama en El público-, cuyo propósito era exponer la hipocresía imperante y obligar a su audiencia a afrontar sus propias contradicciones mediante un lenguaje visceral. Dejando de lado las dificultades técnicas que entrañaba su propuesta, el autor era consciente de que el mayor de los obstáculos a los que se enfrentaba era llegar a un público cuyas convicciones quería poner en entredicho para así mejor derribarlas y sepultarlas. Sólo cabía esperar el rechazo, motivo por el que el dramaturgo no llegó a verlas representadas en vida.

El azaroso camino recorrido por estos textos hasta su publicación está íntimamente relacionado con la censura de la dictadura franquista, manchada por el crimen de la muerte del poeta. El público, pieza escrita en 1930, no vería la luz hasta el año 1976, y Así que pasen cinco años -publicada en Argentina en 1938-, no conocería una edición española hasta 1979. Comedia sin título aparecería dentro del tomo Teatro inconcluso, ya en plena década de 1980.

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