Rick Grimes, sheriff del condado de King, en Georgia, sufre un accidente en su puesto de trabajo y queda en coma. Cuando despierta, lo hace en un mundo postapocalíptico invadido por los zombis; a partir de ese día comienza su lucha por la supervivencia.

La serie televisiva The Walking Dead (TWD), basada en el cómic del mismo nombre creado por Robert Kirkman en 2003, comienza a emitirse en EE.UU. a finales del 2010 con más de 5 millones de telespectadores de media durante su primera temporada, luego vendrían muchos más y en otros países hasta crear tendencia mundial y ser una de las series más importantes de los últimos años. Los niños del mundo juegan a zombis y supervivientes, los comics tienen grandes cifras de ventas, el término zombi se dinamiza entrando en combinación con otros conceptos (banco-zombi, fondo-zombi).

En este artículo utilizaremos los materiales brindados por la serie para analizar la actualidad, entendiendo que los propios contenidos de la serie provienen de su contexto social, económico y político. De este modo, analizando la propia serie analizaremos críticamente la actualidad.

¿Qué es un zombi? ¿Por qué un zombi? En primer lugar, el zombi es una figura propia del culto vudú originaria de Haití. Tal figura se caracteriza por ser un muerto que vuelve a la vida gracias a la intervención de un hechicero o bokor. El muerto viviente queda esclavizado por una tercera persona. De este modo, el zombi tiene una estrecha relación con la esclavitud imperante en el Haití colonial, lleno de mano de obra esclava importada de África.

El zombi es un ser putrefacto, desprovisto de personalidad e identidad que para sobrevivir necesita sorber las entrañas de los vivos. Forma, junto con los demás zombis, una masa uniforme que horroriza a los vivos; además, su mal es contagioso: con un mordisco el vivo será muerto en vida y compartirán el mismo destino miserable.

Siendo en origen una figura religiosa, el zombi aparece en una sociedad que recibe una explotación llevada hasta límites alienantes. El esclavo negro no solamente es obligado a trabajar brutalmente en la indigencia, sino que también experimenta un desarraigo social al ser desplazado de su sociedad originaria, hasta el punto de que la función propia del vudú es fundamental para volver a relacionar al esclavo con su tierra natal y darle cierta dimensión social. Este fenómeno ocurría en el Haití del siglo XVIII, pero también ocurre en Madrid actualmente: las esclavas sexuales nigerianas ejercen la prostitución en los polígonos presionadas por ritos vudú. Una vez más, explotación y vudú van relacionados.

Zombi vudú haitiano. | Fuente: Infinitas Palabras Misteriosas.
Zombi vudú haitiano. | Fuente: Infinitas Palabras Misteriosas.

LA GRAN RECESIÓN DEL 2008 Y EL APOCALIPSIS ZOMBI

En 2008 se produce en EE.UU. la Gran Recesión: caen los bancos de inversión debido a la especulación financiera basada en las hipotecas subprime, los mercados y las bolsas se desploman dando lugar a una crisis financiera que termina contagiando a la eurozona. Posteriormente, se convierte en crisis de deuda, haciendo temblar el sistema capitalista a nivel mundial. El sistema financiero se muere y debe ser resucitado mediante diversos rescates financieros realizados por los Estados. La crisis tarda muy poco en irrigar los recovecos de la sociedad, proceso que se traduce en tasas de desempleo alarmantes. Nicolas Sarkozy, consciente el peligro que arrostraba, afirma en una cumbre mundial convocada apresuradamente que «hay que refundar el capitalismo sobre bases éticas, las del esfuerzo y el trabajo, las de la responsabilidad, porque hemos pasado a dos dedos de la catástrofe». El capitalismo es resucitado, pero no resucita haciendo un reparto justo de las cargas de la crisis, resucita descargando el peso de la crisis sobre las clases medias y, sobre todo, sobre las clases más pobres.

Las clases medias pierden renta debido a la falta de trabajo, muchos se instalan en la marginalidad -alternando trabajos mal pagados-, y las economías familiares se resienten a tal punto que varias familias caen en la exclusión social; ciudades como Detroit, otrora en auge, se vuelven cadáveres de hormigón. Los ciudadanos con ingresos más bajos comienzan a vivir en casas ocupadas en situaciones insalubres, apenas tienen trabajo, deambulan por las calles sin sentido y muchos tienen que volver a la comunidad originaria para poder sobrevivir.

Escena de la serie. | AMC Networks.
Escena de la serie. | AMC Networks.

Con este telón de fondo, los contenidos de TWD florecerán en territorio abonado. De hecho, Rick lucha heroicamente por sobrevivir en su pequeña comunidad, pero no lo hace a cualquier precio, lo hace con los valores de la comunidad, los valores que se les supone a los primeros colonos americanos: lealtad, generosidad, solidaridad. No le sirven, sufre para liderar un grupo que sobrevive a duras penas. Otros corren peor suerte: son mordidos por un zombi y se transforman en esa peste uniforme y mugrienta. La vida se vuelve inestable.

Vemos el final del mundo, pero no vemos el final del capitalismo, como sugería Žižek. No somos capaces a ver una alternativa al sistema económico actual, creemos que es sencillamente el final. TWD está cargada de contenidos ideológicos neoliberales. El fin del mundo llega y de paso el fin de la supremacía norteamericana y para ello debemos retornar a la comunidad americana originaria. Pero no para refundar una sociedad nueva distinta a la anterior: se trata de refundar el capitalismo, con los viejos valores de la comunidad, el trabajo, la responsabilidad…

Otra forma significativa de entender la crisis es bajo la perspectiva del desplazamiento de las clases sociales y su relación con la acumulación de capital. Es decir, durante la crisis, al mismo tiempo que las clases medias y bajas veían sus fuentes de ingresos mermadas y precarizadas, había una minoría que estaba volviéndose más rica e incluso aumentando de número. Desde una perspectiva marxista, este proceso es conocido como proletarización.

«Hemos visto que la tendencia constante y la ley de desarrollo del modo capitalista es separar más y más del trabajo los medios de producción, así como concentrar más y más en grandes grupos los medios de producción dispersos, esto es, transformar el trabajo en trabajo asalariado y los medios de producción en capital.»

Karl Marx, ‘El capital’. Madrid, Siglo XXI , 2016.

Para apuntalar esta lectura debemos de ayudarnos del índice Gini, que mide la desigualdad entre el cero y el uno, siendo cero la igualdad absoluta y uno el nivel máximo de desigualdad. Actualmente lo que sostiene la OCDE es que la desigualdad «permanece en altos niveles» a pesar de que las economías más avanzadas «han vuelto a crecer y que las tasas de paro están reduciéndose», es decir, que por mucho que indicadores como la tasa paro o crecimiento del PIB mejoren, la realidad es otra. La pobreza crece justo al mismo tiempo que la concentración del capital aumenta.

La OCDE, con datos del 2016, estima que la renta real de los hogares cayó una media del 2.1%, solamente recuperándose en los salarios más elevados (+2,3%) y la débil mejora en los más bajos (1.3%). La desigualdad también se ve incrementada por el recorte en la intervención social del Estado. En crisis anteriores el papel del Estado como compensador igualitario había sido fundamental, en esta crisis su papel ha sido muy distinto ya que se centró en rescatar los grandes emporios financieros.

Rick Grimes (Andrew Lincoln) en un momento de la serie. | AMC Networks.
Rick Grimes (Andrew Lincoln) en un momento de la serie. | AMC Networks.

TU NUEVA VIDA

«Si les parece demasiado, fabriquen, busquen o roben más y, tarde o temprano, lo recuperarán. Así será su nueva vida. Cuanto más se resistan, más difícil será. Así que, si alguien golpea a su puerta, ábrannos. Somos los dueños de esa puerta. Si tratan de detenernos, la derribaremos. ¿Comprendes? ¿Qué? ¿No respondes?». Negan, en un episodio de la séptima temporada de TWD.

Antes del apocalipsis, los supervivientes de la serie habían sido otra cosa, tenían una vida digna. Andrea era abogada; Michonne vivía en un lujoso loft en el centro de Atlanta; Negan era profesor. Ahora, el apocalipsis zombi les ha obligado a reinventarse, aprender nuevos oficios y desarrollar una ágil inteligencia emocional. La formación académica no garantiza nada, la crisis golpea a la puerta y debes sobrevivir. Si no tienes trabajo, invéntalo, se creativo, emprende, coge tu bate Lucille y compite en el mercado laboral darwinista de la globalización neoliberal.

«[…] la sociedad capitalista se distingue por el hecho de que su capital productivo colectivo se acumula en manos de una minoría de sus miembros que gozan del privilegio legal, en forma de derechos de propiedad privada, de disponer de tal capital en cualquier forma que les convenga, incluso dejarlo ocioso o transferirlo al extranjero. De esto se deriva, en particular, que la gran mayoría de los miembros de una sociedad capitalista deben trabajar bajo la dirección, por mediada que sea, de los propietarios privados de los instrumentos que necesitan para ganarse la vida y en los términos establecidos por los propietarios en consonancia con su deseo de maximizar la tasa de aumento de su capital. Motivar a los no propietarios a hacerlo –a trabajar dura y diligentemente en interés de estos– requiere dispositivos ingeniosos –palos y zanahorias de los tipos más diversos que nunca tienen un funcionamiento asegurado–, que deben ser continuamente reinventados a medida que el progreso capitalista los deja continuamente obsoletos.»

Wolfgang Streeck, ‘Cómo terminará el capitalismo?’, Madrid, Ed. Traficantes de sueños, 2016.

Streeck nos invita a pensar y teorizar el fin del capitalismo a partir de varios artículos publicados en la revista New Left Review entre 2014 y 2016. Los artículos son un estudio riguroso tanto de la realidad como de las futuras tendencias, además de recoger los análisis de Immanuel Wallerstein, Randall Collins, Michael Mann y Craig Calhoun, entre otros. De estos artículos sustraemos dos ideas importantes.

En primer lugar, el capitalismo tiene la capacidad de regenerarse con cada crisis, pero del hecho de que hasta ahora se haya regenerado no se deduce que lo vaya hacer siempre, luego puede haber un final sistémico.

En segundo, en cada crisis los más afectados son la clase trabajadora y la clase media. Esto se debe, como se recogía en la cita de Streeck, a la propia estructuración del sistema, puesto que los más afectados coinciden con el propio reparto desigual de la riqueza. Por tanto, a cada crisis viene asociada una readaptación al proceso productivo, readaptación que sufre sobre todo el colectivo asalariado. De hecho, del éxito de esta reconfiguración depende el propio sistema, aunque sea a precio de convertir a las personas en una masa uniforme alienada. Así lo explica Streeck:

«Su éxito depende, entre otras cosas, de la oportuna aparición de un nuevo paradigma tecnológico o del desarrollo de necesidades y valores sociales que complementen las necesidades cambiantes de un crecimiento económico continuo. Por ejemplo, para la gran mayoría de sus miembros, una sociedad capitalista debe arreglárselas para convertir el temor siempre presente de quedar apartado del proceso productivo, debido a la reestructuración económica o tecnológica, en la aceptación de una distribución altamente desigual de la riqueza y el poder generados por la economía capitalista y una creencia en la legitimidad del capitalismo como orden social.»

‘¿Cómo terminará el capitalismo?’ , Madrid, Ed. Traficantes de sueños, 2016.

Asimismo, la imagen del zombi opera de forma doble. Por un lado, funciona como una contraposición uniforme, desposeída de cualquier tipo de identidad y empobrecida. Y, por otro lado, los caminantes reflejan «el otro» que viene de fuera a ocupar los pocos puestos de trabajo que nos libran de la total pobreza, o sea, los inmigrantes.

Republican presidential candidate Donald Trum en Iowa, 2015. | AP Photo/Charlie Neibergall.
Donald Trump en Iowa, 2015. | AP Photo/Charlie Neibergall.

La campaña de Donald Trump resultó reveladora en este sentido. Trump basó su estrategia en un cambio de tendencia en la intención de voto de los estados del «cinturón del óxido». Así, el Partido Republicano finalmente venció gracias a estados como Wisconsin, Michigan, Ohio. Territorios industriales de tradición demócrata cambiaron su voto, porque, entre otras cosas, ya no hay industria, el sector secundario conformador de las clases medias se empobrece y la marginalidad campa a sus anchas por ciudades zombificadas. Trump ganó y puso de manifiesto el acierto en el planteamiento de sus promesas electorales, que se resumían en la construcción de un muro para parar la inmigración y una reindustrialización resumida en su eslogan Make America Great Again. El paralelismo con el universo de ficción propuesto por TWD parece claro. De hecho, en redes sociales como Facebook, algoritmo mediante, se establece una relación directa entre los simpatizantes de la serie televisiva y los entusiastas de Donald Trump.

Si bien este no es el único análisis que admite TWD, lo cierto es que no parece disparatado sugerir que las siete temporadas hasta ahora emitidas pueden verse como una gran novela audiovisual sobre fin del capitalismo. En la octava temporada llega la guerra, por lo que se recomienda comenzar el acopio de sal y azúcar. Puede que de la próxima crisis no salgamos siendo capitalistas.

No hay comentarios

Dejar respuesta