banner-especial-Japon-portada«Vivir para el momento; contemplar la luna, las flores de cerezo y las hojas de arce; amar el vino, las mujeres y la poesía; enfrentarse a la pobreza que salta a la vista con una broma llena de buen humor y no dejarse desanimar, dejarse conducir por la corriente de la vida como una calabaza que fluye río abajo: todo eso significa ukiyo.»

            Historia del mundo flotante (Ukiyo monogatari, 1661), Asai Ryoi

Durante el Periodo Edo, datado entre los años 1603 y 1868, Japón se encontraba gobernado por los ejércitos de grandes señores feudales o daimyô. En esta época se produjo un cierre de fronteras y eran escasos los comerciantes europeos a los cuales se dejaba comprar y vender productos. Esto hizo que tanto cultura como arte japonés se centraran en aquello que tenían más cerca. En este marco temporal, geográfico y social nacerá el grabado ukiyo-e.

El término ukiyo-e tiene el significado literal de «imágenes del mundo flotante» y deriva de la idea del budismo del carácter efímero e ilusorio de todo aquello que es terrenal. Dicha acepción hizo que se relacionara con el hedonismo y el ocio de las ciudades. Por ello es lógico que la pintura ukiyo-e se cimentara con la representación de escenas cotidianas de las ciudades japonesas. Este tipo de grabados emerge debido a la demanda de nuevos grupos sociales que surgen en Japón a partir de finales del siglo XVI, clases acomodadas que deseaban coleccionar arte a un módico precio y hallaron en estas xilografías una forma de plasmar su estatus.

ferry-hiroshige
El río Yodo (Vistas famosas de Kioto, c. 1834) | Utagawa Hiroshige

Los grabados ukiyo-e se realizaban en soportes de madera, material poco utilizado para este fin hasta esa fecha. El artista se encargaba de confeccionar un boceto o dibujo que más tarde era copiado por un artesano en unas planchas de madera, las cuales se empleaban posteriormente para la estampación. En origen, la xilografía ukiyo-e se encargaba de realizar estampas en blanco y negro, que en ocasiones eran coloreadas a mano. En estos inicios encontraríamos a Hishikawa Moronobu, considerado como el padre de este tipo de pintura, aunque lo que realmente hizo fue desarrollarla y perfeccionarla en cuanto a técnica y temática. Es en la década de los sesenta del siglo XVIII, cuando la impresión a todo color alcanza su madurez gracias a la división del trabajo entre artistas y artesanos.

A partir de finales del siglo XVII comienzan a cobrar importancia las representaciones de paisajes; el paisaje se emancipa y ya no es tan solo el contexto de una escena. En la década de los treinta del siglo XIX, el artista Katsushika Hokusai realiza una de las series de mayor importancia y con mayor propagación dentro de este arte, 36 vistas del monte Fuji, serie que inspirará a Utagawa Hiroshige, quien retomará el tema años después. Desde este momento el paisaje se convierte en uno de los temas predilectos en el grabado ukiyo-e.

hiroshige
Utagawa Hiroshige (1858) | Utagawa Kunisada III

Nacido en 1797 en una familia perteneciente al estamento bajo de los samuráis y fallecido en 1858, Utagawa Hiroshige es uno de los artistas más célebres dentro de la xilografía japonesa del siglo XIX. Su aprendizaje pictórico fue rápido y pronto comenzó a ilustrar libros y realizar diversos grabados. Poco se conoce de su vida, y el único retrato del cual se tiene constancia está realizado después de su muerte por su amigo y también pintor Hiroshige Kunisada III. Sin embargo, su obra adquiere gran importancia a la hora de estudiar estas xilografías, sobre todo en Europa, ya que se convirtió en un foco de influencia para múltiples artistas occidentales.

La obra de Hiroshige se caracteriza por un carácter subjetivo, cargado de escenas joviales, bellos paisajes y colores intensos. De entre su gran producción se podrían destacar series como 53 sitios de la Ruta Tokaido, con la que obtuvo gran prestigio. La realizó entre los años 1832 y 1834 y en ella muestra el paso de las distintas estaciones, diversos personajes de la época, ambientes de la vida religiosa y escenas campesinas. En la década de los años cincuenta creó sus obras de mayor repercusión posterior: Cien famosas vistas de Edo y la ya citada 36 vistas del Monte Fuji, inspirada en la homónima de Hokusai. En ambas series muestra de nuevo numerosos parajes representativos de la cultura nipona, sus costumbres y tradiciones. Estas nuevas formas de ver el mundo, de plasmar paisajes y de tratar la perspectiva de los artistas japoneses causaron sensación y generaron nuevas modas en la Europa de finales del siglo XIX.

53-tokaido
13ª estación: Hara (53 sitios de la Ruta Tokaido, 1832-1834) | Utagawa Hiroshige

Desde el momento en el que Japón abrió sus puertas al comercio con Occidente, el arte japonés se convirtió en una nueva inspiración para los artistas occidentales, así como una fuente de inversión para los coleccionistas. Entre estos coleccionistas destacan nombres significativos como el de Edgar Degas o Claude Monet, quienes compilaron y se inspiraron en estas xilografías a la hora de realizar sus propias obras.

Publicaciones como el libro L’Art japonais, escrito en 1883 por Louis Gonse, o la revista mensual Japanischer Formenschatz, publicada por Siegfried Bing -quien también abrió un comercio de arte asiático en París-, tuvieron una gran importancia en esta introducción del japonismo en Europa. Gracias a Bing, artistas como Henri de Toulouse-Lautrec, Gustav, Klimt, Paul Gaugin o Vincent van Gogh tuvieron mayores facilidades para acceder y estudiar estas obras que tanto marcaron su carrera artística. La influencia de este arte japonés tuvo gran importancia en ciudades como París y se convirtió en una de las bases para el desarrollo del Impresionismo, ya que sus pintores pretendían alejarse del arte convencional occidental y acercarse a una pintura más sensitiva como lo era la japonesa.

hiroshige-van-gogh- ukiyo-e
Jardín de ciruelos de Kameido (Utagawa Hiroshige, 1857) | Japonesería: Ciruelos en flor (Vincent van Gogh, 1887)

El eco de estas estampas niponas se puede apreciar de forma clara comparando obras de artistas como Van Gogh con los grabados ukiyo-e. Cotejando Japonesería: Ciruelo en flor de Vicent Van Gogh y Jardín de ciruelos de Kameido, de la serie Cien famosas vistas de Edo realizada por Hiroshige, se puede apreciar de forma notoria la importancia que la xilografía japonesa tuvo en el desarrollo del arte europeo a partir de finales del siglo XIX.

Tomando como partida las vistas del Monte Fuji realizadas por Hokusai e Hiroshige, otro de los grandes pintores del XIX, Paul Cézanne, realiza diversas vistas de la montaña Sainte-Victoire (Provenza, Francia). Hacia 1885, Cézanne crea pinturas como La montaña Sainte-Victoire vista desde Bellevue.

montaña-cezanne
La montaña Sainte-Victoire vista desde Bellevue (c. 1885) | Paul Cézanne

La xilografía ukiyo-e es, por tanto, imprescindible a la hora de estudiar el arte en la Europa de finales del XIX e inicios del XX como pieza clave de la revolución artística que se produce en estos años.

No hay comentarios

Dejar respuesta