En julio de 1974, la casa Sotheby’s de Londres anunció la inminente subasta de un artículo extraordinario. Se trataba de un capítulo perdido de Alicia a través del espejo, obra del polifacético autor inglés Lewis Carroll (1832-1898) y continuación de la alabada Alicia en el País de las Maravillas, clásico de la literatura infantil. El catálogo decía así:

La Propiedad de un Caballero.

76. DOGDSON (C.L.) «Lewis Carroll». GALERADAS DE UN FRAGMENTO SUPRIMIDO DE «A TRAVÉS DEL ESPEJO», extractos 64-67 y secciones del 63 y el 68, con revisiones autografiadas en tinta negra y nota del autor en tinta púrpura acerca de que el amplio pasaje debe ser omitido.

*** El presente fragmento contiene un episodio en el cual Alicia conoce a una avispa malhumorada, incorporando un poema en cinco estanzas, que comienza «Cuando era joven mis tirabuzones se ondularon». Iba a aparecer a continuación de «Unos cuantos pasos más la llevaron a la linde del bosque» en la página 183 de la primera edición. Las galeradas fueron compradas en la venta del mobiliario, los efectos personales y la biblioteca del autor en Oxford en 1898, y aparentemente no se hallan registradas ni publicadas.

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Lewis Carroll | adoc-photos / Corbis

La noticia fue todo un acontecimiento para académicos y amantes de la literatura. Las galeradas -pruebas de imprenta- fueron adquiridas por el marchante de libros John Fleming al precio final de 1.700 libras esterlinas. No obstante, una investigación posterior desvelaría que Fleming había actuado en calidad de agente para Norman Armour Jr., residente en Nueva York, su verdadero destinatario.

El episodio, bautizado como «Una avispa con peluca», no era un completo desconocido para los admiradores de la obra de Carroll. La primera referencia al mismo se encuentra en la biografía The Life and Letters of Lewis Carroll, de Stuart Dogdson Collingwood -sobrino del escritor-, publicada en 1898. Según Dogdson, Alicia a través del espejo constaba en origen de trece capítulos, de los cuales sólo doce alcanzaron la versión definitiva. Las razones para la omisión de «Una avispa con peluca» habrían sido las objeciones puestas por el ilustrador, John Tenniel, así como su inferior calidad en comparación con el resto de episodios de la novela. La opinión de Tenniel aparece expresada en una carta dirigida a Carroll con fecha del 1 de junio de 1870:

No pretendo ser cruel, pero debo decirle que el capítulo de la avispa no me interesa en lo más mínimo, y no veo el modo de ilustrarlo. Si desea abreviar el libro, no puedo evitar pensar, con todo respeto, que ahí tiene su oportunidad.

Fallecido Carroll no se halló rastro del texto, razón por la que el esquivo capítulo fue dado por perdido.

Nunca antes se habían encontrado galeradas de ninguna de las dos novelas protagonizadas por la entrañable Alicia. Así pues, el interés suscitado por el improbable descubrimiento fue mayúsculo. Para decepción de muchos, su celoso propietario prefirió no ponerlo a disposición de los especialistas, lo que lo preservó del anhelado escrutinio.

Esta circunstancia no fue óbice para que Armour accediera a la publicación del documento en formato facsímil con una edición a cargo de la Lewis Carroll Society of North America. De ahí en adelante, «Una avispa con peluca» comenzó a tener cabida en buen número de nuevas ediciones, que incorporaron el episodio a la novela original. Del mismo modo, el telefilme Alicia y el espejo mágico (John Henderson, 1998) reservó una de sus escenas al encuentro entre Alicia y la desapacible avispa. Con todo, el testimonio original continuó a buen recaudo, y su nueva subasta en Christie’s en 2005 -esta vez con un valor aproximado de entre 60.000 y 70.000 dólares- no introdujo ningún cambio significativo al respecto.

Alicia y el espejo mágico (John Henderson, 1998) | Projector Pictures
Alicia y el espejo mágico (John Henderson, 1998) | Projector Pictures

La actitud de los sucesivos propietarios ha sido objeto de no pocas especulaciones, algunas de las cuales coinciden en señalar que sus reservas podrían obedecer a una falta de confianza en el valor real de su adquisición. Karoline Leach ofrece varios argumentos de peso en favor de esta tesis. De un lado, apunta al nebuloso origen del artículo subastado, pues no hay constancia de la venta de los bienes de Carroll en 1898. Dogdson, quien tuvo un acceso privilegiado a los papeles de su tío, no encontró nada semejante al polémico texto, por más que diera cuenta de su existencia en los momentos previos a la publicación de Alicia a través del espejo. Por si esto fuera poco, el que su primer ofertante optara por permanecer en el anonimato también ha sido motivo de desconfianza. Asimismo, Leach incide en la deficiente calidad del pasaje, que llega a calificar de «pastiche de Alicia» -sobre todo a causa del poema que lo acompaña-, una opinión compartida por Tenniel.

Los argumentos en favor de su autenticidad, reivindicada por varios expertos -de entre los que sobresale el eminente Martin Gardner-, son tan variados como poco concluyentes. A falta de un análisis minucioso del original -incluidos papel, tinta y caligrafía-, habrá motivos para la controversia, hoy lejos de resolverse.

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