A mediados del siglo XIX se inició la construcción de un prometedor tramo de ferrocarril entre Alar del Rey (Palencia) y Reinosa (Cantabria). Este tren pretendía enlazar el Canal de Castilla con la costa cantábrica en Santander. Para su realización se contrató a una empresa inglesa, y fueron muchos los ingenieros y especialistas británicos que acudieron a España para trabajar en la obra. Entre ellos se encontraba William Atkinson (1825-c. 1907), un joven ingeniero y fotógrafo aficionado nacido en Manchester.

Por estas fechas, la fotografía apenas acababa de nacer y no dejaba de experimentarse con distintas técnicas para obtener mejores resultados. Gracias a su capacidad de plasmar la realidad de un modo objetivo y relativamente rápido, la fotografía tuvo una gran demanda desde sus inicios. Al comienzo tan sólo las clases más acomodadas pudieron permitirse la adquisición de fotografías de paisajes, retratos, monumentos, etc., pero una vez se abarataron los costes, clases más humildes accedieron a esta novedosa forma de arte e incluso llegaron a poseer sus propios retratos, algo insólito hasta la fecha.

Vista de Aguilar (c. 1855-1857) | William Atkinson
Vista de Aguilar de Campoo (c. 1855-1857) | William Atkinson

En España, la fotografía floreció de la mano de artistas extranjeros, entre los cuales sobresalen el galés Charles Clifford (c. 1820-1863) y el francés Jean Laurent (1816-1886), dos nombres indispensables a la hora de estudiar sus orígenes en nuestro país. Sus carreras tuvieron un recorrido bastante similar desde el punto de vista temático: ambos plasmaron vistas, construcciones de obras públicas y rincones de ciudades. Entre las fotografías de Clifford, destacan las realizadas durante la construcción del Canal de Isabel II; en la obra de Laurent, por otro lado, predomina la presentación de distintos monumentos.

Dentro de este escenario encontramos la figura de William Atkinson, quien trabajó entre los años 1854 y 1857 como técnico del equipo que llevó a cabo la realización del conocido como ferrocarril de Isabel II. Además documentó la construcción del mismo convirtiéndose en pionero de la fotografía ferroviaria en España. Este tipo de imágenes suscitaron un gran interés por tratarse de algo completamente nuevo: se plasmaba en ellas el atractivo de la modernidad, de máquinas capaces de salvar todo tipo de obstáculos geográficos mediante puentes y túneles.

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Ferrocarril a la altura del Cañón de la Horadada (c. 1855-1857) | William Atkinson

Entre las fotografías tomadas por Atkinson durante la construcción de la línea ferroviaria, observamos al personal de la obra o la maquinaria puesta a su servicio. Las representaciones de obras públicas se convirtieron en un instrumento de trabajo fundamental debido a su valor didáctico, que hacía innecesario desplazarse para estudiar ciertos elementos. También iban ligadas a la imagen propagandística de Isabel II y de los empresarios que allí trabajaron, de ahí que un álbum con estas imágenes fuera regalado a la reina y, probablemente, se hicieran diversas copias con las que obsequiar a ciertos empresarios santanderinos que participaron en el proyecto. Este es el motivo por el cual a día de hoy estas fotografías se custodian en su gran mayoría en el Palacio Real de Madrid, mientras que otra parte se encuentra en la Biblioteca Municipal de Santander.

Además de documentar la obra del ferrocarril, Atkinson se interesó por la naturaleza y el ambiente que lo rodeaba. Retrató paisajes, pueblos y lugareños, un entorno que pronto se vería alterado con la introducción del ferrocarril. Gracias a estas imágenes se puede apreciar cómo eran estos territorios y sociedades en aquel tiempo. Fotografió rincones de Reinosa, Cervatos, Aguilar de Campoo, Villaescusa de las Torres, Valoria de Aguilar y Alar del Rey generando testimonios realistas que han llegado hasta nuestros días.

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Colegiata de Cervatos (c. 1855-1857) | William Atkinson

Gran parte de estas fotografías fueron tomadas con dos cámaras distintas, una de ellas estereoscópica. Esta técnica consiste en capturar y colocar dos imágenes análogas -que no idénticas- yuxtapuestas, de tal modo que, por medio de un visor, se crea un efecto de profundidad y relieve. Esta técnica fotográfica, centrada en temática paisajística y urbana, tuvo su máximo apogeo entre los años 1860 y 1880, aunque perduró hasta las primeras décadas del siglo XX.

William Atkinson, al igual que otros fotógrafos que trabajaron en España en la segunda mitad del siglo XIX, mostró la transformación que se produjo en el paisaje del país como resultado del proceso industrializador. Retrató una sociedad a punto de verse alterada de manera radical por la modernidad. Por ello, estas fotografías tienen un valor incalculable a nivel histórico: constituyen testimonios objetivos de nuestro pasado.

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