Lumiere
Fotogramas de las tres versiones realizadas por los hermanos Lumière (marzo de 1895, marzo de 1896 y agosto de 1896) | Fuente: Wikipedia.

Cine y patrimonio industrial: cuando una imagen vale más que mil palabras

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El cine, desde su nacimiento, está unido de forma muy directa a la industria. Los hermanos Lumière, Auguste Marie Louis Nicolas (Besanzón, 1862 – Lyon, 1954) y Louis Jean (Besanzón, 1864 – Bandol, 1948), han pasado a la Historia por ser los inventores del cinematógrafo, un «cacharro» patentado el 13 de febrero de 1895 que cambiaría la manera de mirar y de ver nuestro mundo. Dirigido y producido por el menor, el primer documental, a modo de película muda, fue presentado poco más de un mes después, el 22 de marzo de 1895. Grabada apenas tres días antes y con una duración de cerca de cuarenta segundos, se proyectó en una sesión privada de la Société d’Encouragement pour l’Industrie Nationale en París. Se titulaba La sortie des ouvriers des usines Lumière à Lyon Monplaisir.

Allá por los años de la vanguardia europea, las máquinas fueron descubiertas por el cine experimental como un simple pretexto del que valerse para transmitir la pasión (y la antipatía) por los adelantos de la era industrial. Retratadas por los realizadores en plena actividad y desde todas las perspectivas posibles se convirtieron en elementos dinámicos de una estética, la del movimiento, abanderada por impresionistas, expresionistas, futuristas, constructivistas y toda una larga nómina de ismos (e “istas”). Películas como La marche des machines de Eugène Deslaw (Kiev, 1898 – Niza, 1966) de 1927 o Mechanical principles de Ralph Steiner (Ohio, 1899 – Nuevo Hampshire, 1986) de 1930 se sirvieron de la belleza y del ritmo de las piezas mecánicas para rozar la más pura de las abstracciones.

Pero no nos llevemos a engaño. La relación entre el séptimo arte y la industria ha sido, cuanto menos, compleja, y ha planteado no pocos debates a lo largo del tiempo. Un paso más allá, en una suerte de estadio intermedio, localizamos obras en las que hombres y mujeres compartirían planos y secuencias con trenes, tranvías, chimeneas o artilugios dispares (algunos ni siquiera inventados). Se trata, por ejemplo, para el caso concreto de Alemania, del puente establecido entre esos dos aspectos (artístico e industrial) en 1927 con Berlin: die sinfonie der Großstadt de Walter Ruttmann (Frankfurt, 1887 – Berlín, 1941) y con Metropolis de Fritz Lang (Viena, 1890 – California, 1976), las mismas que tanta influencia habrían de tener en el transcurso de la historia del cine.

Avancemos hacia la dirección que nos interesa, porque la sociedad mutaba, al tiempo que mudaban el arte y la industria. Era cuestión de tiempo que las consecuencias del desarrollo progresivo de los medios de producción, de ese proceso llamado revolución industrial y de las nuevas formas de vida a ella aparejadas, atrajeran la mirada de directores, de realizadores, de productores. Las pantallas, pobladas de criaturas de ficción, no podían continuar ignorando por más tiempo la realidad. Así, paulatinamente, las máquinas habrían de pasar a ser el motivo a partir del cual fue tomando consistencia un cine de carácter informativo y social. Entonces, dejaron de ser un elemento fotografiable más, desde el único punto de vista estético, para revelar su auténtico y genuino significado: se trataba de una herramienta que participaba del desarrollo de la humanidad, dado su uso con fines económicos.

El movimiento documentalista que se inició en Europa en torno a la década de los años treinta deseaba utilizar el cine para educar a los ciudadanos, para hacerlos tomar conciencia de su propio ser. La escuela documentalista británica, capitaneada por John Grierson (Escocia, 1898 – 1972), descubrió a los ingleses el mundo del trabajo, una realidad desnuda, desconocida para muchos pese a estar a la vuelta de la esquina. El tren correo nocturno entre Londres y Edimburgo del filme Night Mail, dirigido por Harry Watt (Reino Unido, 1906 – 1987) y Basil Wright (Reino Unido, 1907-1987) de 1936, sin dejar de ofrecer una imagen poética, constituía ya un documento informativo de primer orden, en cuanto a presentar al tren como símbolo de servicio de interés para la comunidad.

Fotograma del filme “Night Mail” con la locomotora LMS Royal ScotClass | Fuente: Wikipedia.

A partir de entonces, y tal y como recoge el director y guionista José López Clemente en el prólogo a la brillante obra de Friedrich Mörtzsch, La industria y el cine, las cámaras penetraron en fábricas, descendieron a las minas, se embarcaron en pesqueros y cargadores, montaron en los aviones de transporte para mostrar todo lo que debemos a la industria y a los hombres que la sirven. Es más. Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, los países beligerantes también utilizaron el cine para evidenciar el poder de destrucción de las modernas técnicas de ataque y defensa servidas por sus potentes industrias armamentísticas. Pero esa es otra historia.

En este contexto, el cine se reveló como un medio de comunicación efectivo, rápido y relativamente económico también para las empresas industriales, quienes presagiaron las ventajas que los avances tecnológicos atraerían más allá de aquellos que ya se aplicaban en sus instalaciones. Nació así el filme o cine industrial, un género híbrido, a medio camino entre el documental y la divulgación promocional de no fácil definición. Con todo, es cierto que el cine al servicio de la industria cumpliría diversos cometidos que fueron desde la promoción de relaciones externas (conseguir negocios y clientes) y de relaciones internas (cimentar el espíritu de empresa entre los diversos componentes de la misma), la transmisión de información y la instrucción, hasta llegar a la investigación.

Existen diferentes clasificaciones, concretadas siempre a partir de dos parámetros: por un lado, el tipo de información proporcionada por el filme y, por otro y, en consecuencia, el público al que va dirigido. En este sentido, Mariangela Michieletto, archivera y quien fuera directora científica del Archivio Nazionale Cinema Impresa de Turín (Cineteca Nazionale), determinó varias categorías que abarcaban tres grandes temas:

  • Economía: filmes sobre temas tanto de interés general como de interés particular (acerca de un material o un producto), dirigidos a un público indiferenciado. Esto es, documentos cinematográficos que ilustraban la vida en el interior de las empresas (nuevas construcciones, visitas de personalidades, etcétera).
  • Técnica: filmes sobre proyectos, principios o investigaciones científicas que tuvieran un uso industrial, destinados a un público especializado. Es el caso, por ejemplo, de los trabajos de Cinefiat, centro específico de producción cinematográfica creado en 1952 por Fiat, que se ocupó de filmar y registrar con fines de estudio los choques entre vehículos.
  • Trabajo: filmes para la formación de los dirigentes y de la mano de obra en materia de prevención de accidentes, iniciativas de carácter social, orientación y formación profesional, relaciones humanas dentro de la empresa, etcétera, destinados a un público industrial.
    Fotograma de “La costanza della qualità nella banda stagnataelettrolitica” (Emilio Marsili, 1963) | Fuente: Archivio Nazionale Cinema Impresa.

Además, Michieletto añadiría una última categoría fundamental, la vinculada con las relaciones públicas. Tenían acomodo aquí aquellos films destinados a un público indiferenciado que contribuirían al prestigio de una empresa, es decir, aquellos que funcionaban como carta de presentación dado que transmitían la imagen con la que se querían dar a conocer las propias firmas industriales.

El medio cinematográfico permitía visualizar y difundir velozmente la información. Contaba con una ventaja, para el caso de las empresas industriales, y es que no requería de medios determinados de distribución, por lo que estas no precisaban de combatir contra la falta o problemas de los circuitos comerciales. Las industrias, por el contrario, se ocuparon del limitado pero fecundo ámbito de las proyecciones internas, en las que se encontraba su público; raras veces se vieron más allá de sus muros.

Cada filme industrial fue el resultado de un encargo realizado por un cliente, quien desarrollaba una actividad industrial concreta y quería cumplir un determinado objetivo. Pero lo que lo definió y concretó de la forma en la que lo vemos hoy en día fueron las elecciones tanto de ese cliente como de la persona encargada de ejecutarlo en cuestiones como el contenido, el lenguaje, la estética, el estilo, el ritmo o las técnicas utilizadas para transmitir el mensaje. Porque una cuestión fundamental, a la hora de valorar la obra, era la delimitación precisa del tema, que quedase claro al espectador la finalidad propuesta. También la necesidad de eficacia imponía al realizador una mayor disciplina. Debían quedar fuera los encuadres rebuscados, los efectos de luces complejos que transformaran el objeto o los espacios filmados, los movimientos rapidísimos o los extremadamente lentos.

Fotograma de “Fábrica de camiones y turismos Pegaso (Madrid)” (1951) | Fuente: Filmoteca Española.

En algunas ocasiones, las empresas se apoyaron en jóvenes directores debutantes que habrían de hacerse conocidos con su producción “mayor”. Existen también casos de encargos a profesionales externos, pero las más de las veces los trabajos fueron encomendados a técnicos de su propia plantilla ocupados en otras faenas y, muy pocas veces, se crearon departamentos o unidades internas especializadas en la producción de los filmes. Se trata, por lo tanto, no de un cine de autor, estilísticamente no tan original como sí históricamente interesante.

El momento de mayor éxito productivo y artístico del filme industrial tuvo lugar tras la Segunda Guerra Mundial, en concreto en los años cincuenta y sesenta. Entonces, muchas empresas decidieron utilizar el cine como herramienta para llegar a un público cada vez más amplio. Prueba de este florecimiento y expansión es la gran cantidad de festivales internacionales que se celebraron en diferentes países europeos. De hecho, en uno de los que más se fomentó la producción de filmes industriales fue Italia, a través del empuje de empresas como Fiat, Eni (Ente Nazionale Idrocarburi), Montecatini, Olivettio Carlo Erba. Entre 1957 y 1964, algunas de sus ciudades acogieron varias ediciones del Festival Internacional del Film Industrial y Artesanal de Monza (región de Lombardía). Además, a partir de 1959 en concreto, los círculos empresariales interesados en este instrumento de comunicación y de creación de cultura corporativa formaron la Rassegna Nazionale del Film Industriale, que continuó festejándose aún en las décadas siguientes. Durante 1960, operó la SAFI (Assistenza Servizio Film Industriali), encargada de la distribución de los filmes industriales en el territorio nacional italiano.

Con todo, desde mediados de los años setenta, la producción de documentales industriales en Europa comenzó a entrar en una fase de decadencia que corrió pareja a los problemas económicos y sociales suscitados por un estancamiento generalizado. A partir de entonces y ante la pérdida de interés por parte de las empresas, los filmes industriales se fueron transformando en un documento sumamente valioso para la investigación histórica. Contemplar los fotogramas, las secuencias, las imágenes nos permite no sólo reconstruir los procesos productivos que se desarrollaban en las fábricas sino, también, revivir la cotidianeidad de los trabajadores y las trabajadoras.

Fotograma de “Navidades en la fábrica de loza y cristal de Pontesa en Puente Sampaio (Pontevedra)” (1962) | Fuente: Filmoteca Española.

Desde la perspectiva actual, la relación entre cine e industria puede parecer aún más compleja. Existen excelentes trabajos en los que las investigadoras han puesto de manifiesto el valor del cine más allá de la mera documentación de nuestro pasado más cercano. En ellas, se ha atendido a cuestiones de tanto interés como el fenómeno de la introducción del cine en la oferta de ocio para los obreros, la consideración de la arquitectura del cine como patrimonio industrial o el tratamiento plástico de instalaciones fabriles y paisajes industriales para escenografías cinematográficas. Se trata de líneas de trabajo abiertas, que han tomado también la forma idónea para ser exhibidas en muestras nacionales e internacionales como es el caso del INCUNA Film Fest, nacido de la mano de la Asociación Arqueología Industrial INCUNA desde Gijón (Principado de Asturias) y que celebra en 2023 su sexta edición.

En España, tenemos la enorme fortuna de contar con ejemplos extraordinarios de filmes industriales que se datan entre las décadas de 1910 a 1960. Con todo, y tal y como ocurrió en el resto de Europa, el mayor número de filmes industriales se concentra en los años cincuenta y sesenta. Entonces, y hasta el final del franquismo, el cine industrial dependió de las filmaciones promovidas desde algunos departamentos ministeriales centrándose, en consecuencia, en empresas dependientes del Instituto Nacional de Industrias (INI). Tampoco faltarán imágenes, por supuesto, en los famosos noticiarios y documentales propagandísticos del régimen del Noticiario Cinematográfico Español (NO-DO), que se proyectaban en los cines españoles antes de la película, entre 1942 y 1981.

Una búsqueda rápida por las páginas web de los distintos archivos especializados en la catalogación, la conservación y la consulta de documentos cinematográficos en España arroja resultados de gran interés. El Centro Galego de Artes da Imaxe (Filmoteca de Galicia), la Filmoteca Española, el Archivo Histórico del NO-DO (RTVE) son sólo algunos de ellos. Os proponemos visionar algunos ejemplos, sin perder de vista que, como reza el subtítulo del artículo, una imagen vale más que mil palabras:

  • La fábrica de galletas y bizcochos Patria en Zaragoza fue retratada, entre 1914-1918, por Antonio de Padua Tramullas (Barcelona, 1870 – Sitges, 1961). Considerado uno de los pioneros del cine en España, fundó una productora propia, la Sallumart Films, en el año 1910 en Zaragoza, que se dedicó a filmar los acontecimientos más importantes de Aragón hasta 1929, cuando desaparece. Otros de sus trabajos que nos permiten documentar el pasado industrial son Fábrica o carpintería mecánica de Cardé y Escoriaza, El señor La Cierva en la fábrica Solans, Salida de obreros de la fábrica de conservas de Santiago Díaz o, rodada ya fuera de Zaragoza capital, La Azucarera de Monzón.
  • Los Talleres Alonarti en Vigo fueron filmados por el fotógrafo y documentalista José Gil Gil (Pontevedra, 1870 – 1937), en 1928. Gil, junto a José Sellier Loup (Lyon, 1850 – La Coruña, 1922), es el más importante operador del primer periodo de la cinematografía gallega. Con una trayectoria profesional de casi 150 títulos, realizó muchas películas de propaganda industrial, especialmente para empresas viguesas de la comarca del sector pesquero.
  • La construcción de los saltos hidroeléctricos de Zamora está documentada en Grandes obras monumentales, de entre 1930-1932, un trabajo realizado por Fernando López Heptener (Écija, 1902 – Zamora, 1993). Este óptico y fotógrafo entró a trabajar como delineante y topógrafo, en 1929, en el proyecto de Saltos del Duero en Zamora, concretamente en la ingeniería de la presa de Ricobayo. Cuando la empresa se enteró de su afición por el cine, adquirió una cámara de 35 mm a manivela con la que fue encargado de documentar el avance de los trabajos. Esta obra está considerada uno de los primeros documentales industriales sonoros de España.
  • La fábrica de harinas La Palentina fue establecida en Villamuriel de Cerrato (Palencia) en 1940 por Moisés Gómez Ortiz. En las imágenes, de fecha y autor indeterminados, se muestran los distintos procesos industriales que seguía el grano hasta su transformación en harina.
  • La Sociedad Nacional Industrias y Aplicaciones de Celulosa (SNIACE) comenzó a ser construida en Torrelavega (Cantabria) en octubre de 1941. En las imágenes de este NO-DO (número 108 A, a partir del minuto 01:43), de 22 de enero de 1945, aparecen los operarios trabajando en las primeras instalaciones que empezaron a funcionar en agosto de 1944, cuando se hiló la primera fibra cortada.
  • Esta misma empresa encargaría en el año 1954 un documental de veinte minutos, sonoro y en blanco y negro, con el que dar a conocer a sus clientes el proceso de fabricación del tejido. Las imágenes de De la madera al vestido dan buena cuenta de las distintas labores, desde la plantación del eucalipto en los bosques de la zona cantábrica hasta llegar a la venta de la tela en un comercio. El trabajo contó con la dirección técnica de Quico, fotografía de Joaquín Hualde y Agustín Macasoli (Madrid, 1900 – ?), montaje de Rafael Simancas, sonido de Jorge Palacio y texto de Alfredo Marqueríe (Mahón, 1907 – Cuenca, 1974).
  • De entre 1948 y 1950 son varios trabajos de Jerónimo Vázquez White († Piélagos, 2016), doctor ingeniero por la Escuela Técnica Superior de Ingeniería (ICAI) de la Universidad Pontificia de Comillas. Nada más terminar la carrera se incorporó a la empresa Nueva Montaña Quijano S.A., trabajando en sus diferentes centros localizados en Los Corrales de Buelna y Santander (Cantabria). El caso de Vázquez White es parecido al de López Heptener: la empresa, conocedora de su afición por el cine, compró una cámara para encomendarle la labor de registrar el desarrollo de las fábricas, mientras ejercía de director industrial.
  • La fábrica de SEAT en Barcelona fue visitada por Franco en julio de 1966, fecha de este NO-DO (número 1227 A, a partir del minuto 00:17). Se trata de interesantes imágenes capturadas desde un automóvil, que también traslada al Generalísimo, dando idea de las dimensiones de las instalaciones.

Para saber más…

  • ÁLVAREZ ARECES, Miguel Ángel (ed.) (2010): Patrimonio y arqueología de la industria del cine. Gijón: CICEES.
  • BIEL IBÁÑEZ, María Pilar (1994-1995): “El cine como documento para la historia de la arquitectura industrial en Zaragoza: Antonio de Padua Tramullas”, Artigrama, núm. 11, pp. 297-315.
  • CEBRIÁN HERREROS, Mariano (1994): Cine documental e informativo de empresa. 50 años de producción de Fernando López Heptener en Iberduero y NO-DO. Madrid: Síntesis.
  • GUTIÉRREZ MOLINA, José Luis (2002): El fondo fílmico de Astilleros Españoles (1941-1975): el cine industrial en el franquismo. Sevilla: Consejería de Cultura.
  • MATTONE, Manuel y VIGLIOCCO, Elena (coords.) (2016): Arquitecturas para el cine. Conocimiento y desarrollo. Gijón: CICEES.
  • MICHIELETTO, Mariangela (2018): “Cine y trabajo: la producción audiovisual de empresas en Italia” en VV.AA.: XV JornadesImatge i Recerca. Gerona: Ayuntamiento de Gerona, sin paginar.
  • MÖRTZSCH, Friedrich (1964): La industria y el cine. Madrid: Rialp.
  • STORK, Leopold (1962): Industrial and business films: a modern means of communication. Londres: Phoenix House.

Enlaces…

(1) En línea: https://www.europeana.eu/es/item/08625/FILM00062913c_6 [consulta: 09-VI-2023].

(2) En línea: https://cgai.xunta.gal/es/filmes/talleres-alonarti-sociedad-la-artistica-ltda [consulta: 09-VI-2023].

(3) En línea: https://www.youtube.com/watch?v=2mKKzxeMPag [consulta: 09-VI-2023].

(4) En línea: https://www.rtve.es/play/videos/archivo-historico/fabrica-harina/2933234/ [consulta: 09-VI-2023].

(5) En línea: https://www.rtve.es/filmoteca/no-do/not-108/1467101/ [consulta: 09-VI-2023].

(6) En línea: https://www.rtve.es/play/videos/documentales-b-n/madera-vestido/2846048/ [consulta: 09-VI-2023].

(7) En línea: https://www.youtube.com/watch?v=MBTrZi4r8xo [consulta: 09-VI-2023].

(8) En línea: https://www.youtube.com/watch?v=pjSguiMIeLk&t=665s [consulta: 09-VI-2023].

(9) En línea: https://www.rtve.es/filmoteca/no-do/not-1227/1474954/ [consulta: 09-VI-2023].

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