Fragmentos: Chateaubriand

/

«Este mar, que había de reencontrar en tantas riberas, bañaba en Brest el extremo de la península armoricana; tras este cabo avanzado ya sólo había un océano sin límites y mundos desconocidos; mi imaginación se recreaba en estos espacios. A menudo, sentado en algún mástil que descansaba en el muelle de Recouvrance, seguía la actividad de la gente: constructores, marineros, militares, aduaneros, forzados pasaban una y otra vez por delante de mí. Desembarcaban y embarcaban viajeros, había pilotos que dirigían la maniobra, carpinteros que escuadraban maderos, cordeleros que largaban cables, grumetes que encendían fuegos debajo de unas calderas de las que salía una densa humareda y el sano olor del alquitrán. Todo era un llevar y traer, yendo del muelle a los almacenes y de los almacenes al muelle, de fardos de mercancías, de sacos de víveres, de trenes de artillería. Aquí avanzaban unas carretas por el agua, que retrocedían para ser cargadas; allí, unos aparejos alzaban bultos, mientras unas grúas bajaban piedras, y unas dragas ahondaban en unos terrenos de aluvión. Unos cargadores repetían señales, las chalupas iban y venían, los navíos aparejaban o entraban en los diques.

Mi mente se llenaba de vagas ideas sobre la sociedad, sobre sus bienes y sus males. No sé qué tristeza me iba ganando; dejaba el mástil en el que estaba sentado; remontaba el Penfeld, que desemboca en el puerto; llegaba a un recodo detrás del cual desaparecía el puerto. Allí, sin ver nada más que un valle de turba, pero oyendo aún el murmullo confuso del mar y el vocerío de los hombres, me tumbaba al borde del riachuelo. Unas veces viendo correr las aguas, otras siguiendo con la mirada el vuelo de una corneja marina, disfrutando del silencio de mi alrededor, o prestando oídos a los martillazos del calafate, me sumía en la más profunda ensoñación. En medio de ella, si el viento me traía el sonido del cañón de un navío que se hacía a la vela, me estremecía y las lágrimas bañaban mis ojos.»

«Memorias de ultratumba», François-René de Chateaubriand (Acantilado, 2004)

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

Ver más

  • Responsable: Amberes Revista Cultural.
  • Finalidad:  Moderar los comentarios.
  • Legitimación:  Por consentimiento del interesado.
  • Destinatarios y encargados de tratamiento:  No se ceden o comunican datos a terceros para prestar este servicio. El Titular ha contratado los servicios de alojamiento web a Dinahosting que actúa como encargado de tratamiento.
  • Derechos: Acceder, rectificar y suprimir los datos.
  • Información Adicional: Puede consultar la información detallada en la Política de Privacidad.

Historia anterior

Gaming disorder: adicción a los videojuegos

Siguiente historia

Sine sole sileo

Lo último de

A Medieval Fantasy

Un nuevo proyecto artístico de Víctor Sánchez de la Peña en el marco de la residencia

0 en gravedad

Un artículo sobre ciencia y divulgación firmado por Juan Ocampo.

Fragmentos: Dickinson

Poema de la antología 'Carta al mundo' (Renacimiento, 2016), de Emily Dickinson. Traducción de José Cereijo