ERAN CÁLIDAS, brillantes, las noches de verano en la ciudad de mi infancia, que el resto del año dormitaba serenamente senil, indiferente, mecida por un mar de gris hastío y
Derribarás la casa donde he existido o la dejarás vacía de la presencia de los míos por los siglos. Para que ninguno de mi estirpe sueñe con el