Senos encarnados con prolijidad, glúteos cuyo contoneo casi parece percibirse a través del mármol y el lino, avizoradas miradas que se extravían en la defección del concurrente con la escena,
«Conque, vamos, vuelve tu espada a la vaina y subamos los dos a mi cama, para que nos entreguemos mutuamente unidos en amor y lecho» Palabras de Circe a Ulises