Vegano, ¿eso se come?

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«Si tomas la pastilla azul la historia acaba, despiertas en tu cama y crees lo que tú quieras creer. Si tomas la roja te quedas en el País de las Maravillas y te enseño qué tan profundo es el hoyo. Recuerda, sólo te estoy ofreciendo la verdad, nada más.»

                                                                          Matrix (Lana & Lilly Wachowski, 1999)

El veganismo se abre camino en la sociedad, y como todos los nuevos y disruptivos hábitos que se introducen tan rápido entre la población, suscita diferentes y enfrentadas opiniones al respecto. Todo el mundo, en mayor o menor medida, ha escuchado algo sobre el tema y, como no puede ser de otra manera en los tiempos en que vivimos, pulula mucha falsa información sobre el asunto. Esa desinformación es la que motiva la redacción de este artículo, en el que -para despejar cualquier duda- abundarán las referencias científicas. De esta forma, se pretende que los datos aportados tengan un extra de credibilidad y sirvan para que cualquiera con recelo hacia el tema quede satisfecho una vez los haya leído.

Para quien sea afín a la filosofía vegana, toda la información que se aportará aquí coadyuvará a muchos de sus intereses, pues estarán recogidas muchas fuentes de información que seguramente le pueda ser útil tener a mano: bien porque empieza en el veganismo; porque por mera curiosidad está investigando sobre el tema; o bien porque quiere tener una referencia con toda esta información condensada en un único opúsculo. Sin embargo, este artículo divulgativo también puede ser relevante para todos los demás, pues solventará muchas falsas creencias nacidas de la desinformación.

La principal duda es: ¿qué es eso de «vegano»? Un error muy común es pensar que es sólo una dieta, pero eso es quedarse corto. Según la definición de The Vegan Society: «El veganismo es una filosofía y una forma de vida que busca excluir, en la medida de lo posible y practicable, todas las formas de explotación y crueldad hacia los animales para la alimentación, la ropa o cualquier otro propósito; y por extensión, promueve el desarrollo y uso de alternativas sin animales en beneficio de los animales, los seres humanos y el medio ambiente. En términos dietéticos, denota la práctica de prescindir de todos los productos derivados total o parcialmente de animales». Con esta exposición es importante notar la diferencia entre el veganismo y el vegetarianismo, pues éste es sencillamente un patrón alimentario que elimina productos de origen animal, mientras que aquél es una filosofía que pretende no explotar a los animales.

Un aspecto importante para entender los límites de la definición del veganismo es qué pasa con las plantas: ¿acaso ellas no sienten? Pues bien, la realidad es que las plantas carecen de sistema nervioso, y aunque se ha comprobado que algunas pueden reaccionar a estímulos externos, lo hacen por acto reflejo. Lo que nos encontramos es que no hay estudios científicos que a día de hoy aseguren que experimentan dolor, pues la ciencia afirma que para sentir dolor es necesario un sistema nervioso. Además, es evidente que una planta no tiene la capacidad de sentir emociones, con lo cual no tenemos que preocuparnos por que sufran estrés o algún sentimiento negativo.

Por supuesto hay gente que se pregunta qué sería del mundo si todos comiésemos sólo productos vegetales. ¿Se acabarían los problemas medioambientales? Pues no, pero se reduciría en gran medida nuestra huella de carbono, con lo que se ayudaría a luchar contra el cambio climático. ¿Si todos comiésemos plantas habría comida para todos? De sobra: no sólo sería más sencillo alimentar a la población sino que, además, las plantaciones necesarias serían menos extensas que las actuales, ya que la producción de carne necesita muchas más plantas que una alimentación basada de forma exclusiva en vegetales. Asimismo, los vegetales para alimentar al ganado necesitan espacios más extensivos que el resto de las plantaciones, con lo cual ganaríamos mucho terreno.

VEGANISMO Y NUTRICIÓN

A pesar de que el veganismo es una filosofía mucho más amplia, vamos a centrarnos en la alimentación, que es el aspecto más problemático y discutido dentro de los hábitos veganos. La principal inquietud sobre este tipo de alimentación es si existe una posible carencia de nutrientes y, como consecuencia, la necesidad una fuerte suplementación. Pues bien, la FAO y muchos otros estudios científicos garantizan la calidad de la alimentación vegana e incluso la sitúan -junto con las variantes de las dietas vegetarianas- como una de las mejores formas de alimentación, justo por detrás de la dieta mediterránea.

Pero desarrollemos más. ¿Cuáles son los nutrientes que más suspicacias levantan? Normalmente son la famosa B12, la vitamina D, el hierro, el calcio, el zinc, el omega 3, el yodo y, sobre todo, las proteínas. Es natural que estos nutrientes sean los que generan más interrogantes debido a que en la alimentación occidental actual asociamos su obtención a fuentes de alimentación derivadas de los animales. Es decir, si hablamos de calcio, todos pensamos en leche o derivados, y si hablamos de omega 3, todos pensamos en pescado, pero veremos que la variedad de alimentos para obtenerlos es inmensa fuera de los arraigados en nuestras costumbres.

De todas formas, la realidad es que una persona vegana o vegetariana sólo necesita suplementarse con vitamina B12. Por supuesto, existen casos en los que la salud particular o las condiciones de vida hagan necesario algún suplemento más, pero desde luego no es lo general. Para ello siempre es aconsejable la consulta médica: después de todo estamos ante un proceso de cambio radical en nuestra alimentación. Aun así, una persona que practique este tipo de alimentación no tendría por qué visitar al médico más que cualquier otra.

Me gustaría señalar que siendo este el único suplemento necesario, aún hay gente que lo ve problemático, visto que la suplementación es considerada por algunos como algo «antinatural». Lo que pasa es que esa gente desconoce que la   que toman la obtienen de suplementación indirecta. Esto es debido a que la que obtienen de animales es en realidad suplementada anteriormente a los mismos mediante piensos enriquecidos. De hecho, la B12 se obtiene de una bacteria que se encuentra en la tierra y la amplia mayoría del ganado que se consume se alimenta a base de piensos que están fortificados con esta vitamina y no de pastos. Para más inri, resulta que una gran parte de la población no satisface sus necesidades de B12  con la alimentación omnívora. Sabiendo todo esto, es importante añadir que en caso de querer suplementarse con B12, lo mejor es que sea en base de cianocobalamina. La dosis recomendada general es de 2,4 microgramos diarios o 2000 microgramos semanales. Se adjunta un artículo externo, más completo, para consultar su forma de uso.

Para el resto de los nutrientes que acostumbran a preocuparnos no hay ningún problema. Veamos algunos alimentos para obtener cada uno de ellos.

En el caso del calcio lo tenemos muy fácil, dado que los alimentos no lácteos, que lo suministran, lo hacen en gran cantidad. Algunos ejemplos son: higos, garbanzos, pistachos, bebidas vegetales, judías, brócoli y en general las leguminosas y los frutos secos. Así que no se preocupe nadie, que los huesos están a salvo.

Para la vitamina D es tan cómodo como tomar algo el sol todos los días, ya que el cuerpo la genera -sin necesidad de ingerirla- con la luz solar. En caso de vivir en zonas donde salga poco el sol o en épocas prolongadas de mal tiempo sí que se puede recurrir a suplementos de vitamina D, pero no sin consultar antes al médico.

Con el yodo también es facilísimo, teniendo en cuenta que las instituciones de la salud ya recomiendan que toda la sal que tomemos sea yodada, la cual satisface sin problema nuestras necesidades.

El omega 3 es otro caso tremendamente sencillo, pues lo encontramos en buena cantidad en aceites, semillas, nueces o soja entre otros.

Vamos con el -para muchos- tan problemático hierro, que también es muy asequible. Lo tenemos presente en grandes cantidades en legumbres, semillas, verduras de hoja verde, frutos secos y productos integrales. Además, una forma de mejorar su absorción es acompañar la comida con alguna fuente de vitamina C, como frutas u hortalizas.

Volvemos a repetir alimentos con semillas, frutos secos y legumbres, que son súperalimentos con todas las letras y, por consiguiente, nos aportan de sobra la cantidad de zinc necesaria.

En cuanto a las famosas proteínas, hay que tener una precaución, pues están compuestas de aminoácidos y, de entre ellos, los llamados aminoácidos esenciales no pueden ser generados por nuestro cuerpo. Por ende, tenemos que introducirlos de forma externa, mediante alimentos. La cuestión es que cuando comemos legumbres, éstas tienen todos los aminoácidos esenciales a excepción de uno que presentan de forma escasa, la metionina; mientras que en el caso de los cereales, el que se presenta en poca cantidad es la lisina, aunque son ricos en todos los demás. Si introducimos ambos grupos de alimentos a nuestras comidas obtendremos la proteína completa sin ninguna dificultad y -como mínimo- de la misma calidad que la de fuente animal.

SUFRIMIENTO ANIMAL

Una vez solventada la preocupación de si un vegano está bien nutrido o no, pasemos por las otras grandes dudas que hay sobre la alimentación vegana. Esas dudas suelen ser el por qué los veganos no toman ni bivalvos, ni lácteos, ni huevos, ni miel.

Muchas personas creen que los bivalvos no tienen sistema nervioso y que, por ende, no sufren dolor, pero la ciencia dice lo contrario. Los únicos animales que no tienen sistema nervioso ni células nerviosas son las esponjas y las anémonas. En cualquier caso, un vegano no sólo piensa en el dolor que pueda sufrir el animal, sino que además valora que poner a unos animales por encima o debajo de otros es especista y, según la ética vegana, lo correcto es respetar en la medida de lo posible toda vida animal, pues el ser humano no deja de ser uno más.

Hablar de porqué los veganos no toman lácteos es llamativo, pues si nos paramos un momento a reflexionar, ¿qué otro mamífero toma leche cuando llega a la vida adulta y de otros mamíferos? La respuesta es simple: ninguno. Los veganos destacan el hecho de que la industria láctea también explota a los animales incluso en los casos de la ganadería extensiva y ecológica, habida cuenta de que las madres son inseminadas de modo artificial para dar leche y después se las separa de sus crías. Este es un proceso que también les causa un dolor emocional que incluso demuestran llamando a aquéllas. Asimismo, si las crías son machos, se llevan al matadero para producir carne, es decir, que la industria de la leche también mata.

Los motivos para no comer miel ni huevos son básicamente los mismos, y es que un vegano no come nada que provenga de la explotación animal. En el caso de las abejas, se utilizan abejas reina, las cuales se inseminan para que pongan la mayor cantidad de huevos posible y, cuando su producción baja, son sacrificadas y sustituidas por otras. Al mismo tiempo, las otras abejas también mueren al manipular el panal, sometidas con humos y pesticidas.

Con las gallinas tenemos un caso parecido al de las vacas, y es que cuando de uno de los huevos nace un macho, éste es sacrificado nada más nacer. Por no mencionar que posiblemente sean a las que se les da peor vida en la industria intensiva, estando ubicadas en espacios superpoblados y sufriendo unas condiciones y prácticas deplorables, como que les corten los picos. A su vez, existe la creencia de que las gallinas caseras no sufren, pero la realidad es más cruda que eso, pues las gallinas ponedoras han pasado un proceso de selección genética durante muchos años, de manera que ponen una cantidad de huevos terrible para su salud, lo que les provoca mucho dolor y una grandísima descalcificación ósea. La forma de ver que esto es así la encontramos en la comparación con las gallinas salvajes, las cuales ponen una cantidad mucho menor de huevos que las que explotamos.

Tras explicar todas las dudas anteriores con abundantes pruebas, espero haber sido de ayuda y haber acabado con alguna falsa creencia alrededor del veganismo. A pesar de ser consciente de que existe más información errónea sobre el tema, he tomado la decisión de centrar el artículo en las que considero más básicas y relevantes. De lo contrario, intentando abarcar cualquier dato falso existente, el texto se volvería eterno y difícil de leer. Ahora bien, después de haber presentado numerosas fuentes fiables recomiendo encarecidamente que ante cualquier cuestión sobre este tema, quienes leáis estas líneas, las empleéis como medio para informaros de manera segura. Por último, ya que este es un artículo contra la desinformación y con intención puramente divulgativa, quisiera remarcar la importancia de estar en conocimiento de la verdad, pues el conocimiento de lo real es valioso en sí mismo.

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