La isla intensa

Imagina un volcán en erupción. Aguas repletas de peces tropicales. Acantilados modelados por el choque de lava y océano. Montañas cubiertas de selva y cascadas interminables. Personas de tres continentes distintos. Mezcla todos estos elementos y obtendrás algo que se parecerá un poco a la isla de La Reunión. Pero sólo un poco.

Es un lugar que hay que ver en persona. Y no sólo verlo: hay que patearlo de arriba abajo y exprimirle cada gota. Esta no es una isla tropical para tumbarse a la bartola. ¿Te animas a conocerla?

¿Dónde está La Reunión y por qué no he oído hablar de ella?

Hace tres millones de años, un volcán se abrió paso en el océano Índico y dio lugar a lo que hoy se conoce como la isla de La Reunión. Durante mucho tiempo fue considerada un pedazo de roca salvaje e inhabitable. De hecho, sus primeros pobladores llegaron hace  solo… ¡350 años!

Este paraíso se encuentra a unos 700 kilómetros al este de Madagascar y, aunque geográficamente forma parte de África, es territorio francés. Del mismo modo que nos pasa a nosotros con las islas Canarias. Podríamos decir que es una isla pequeña: con 2.512 km², es poco más grande que Tenerife.

Su clima tropical y sus paisajes atraen a turistas de todo el mundo, pero por suerte no está nada masificada. De hecho, es bastante desconocida para los españoles, que suelen decantarse por las vecinas Mauricio o Seychelles, con playas más espectaculares.

Yo viví en La Reunión durante diez meses, durante los que trabajé como auxiliar de conversación y exploré a fondo la isla. Y lo que me encontré allí me sorprendió mucho más que cualquier playa paradisíaca.

El corazón de La Reunión: los circos y sus montañas

La primera vez que vi un mapa de La Reunión, me pareció que tenía dibujado un corazón en el centro. Son los tres circos de la isla, unos macizos montañosos “hundidos” y rodeados de paredes abruptas: Cilaos, que alberga un pueblo prácticamente aislado por las montañas; Salazie, rebosante de vegetación y cascadas; y Mafate, al que solo se puede acceder a pie o en helicóptero.

Mafate
Mafate

Justo donde se unen los tres circos se alza el Piton des Neiges, el volcán a partir del cual surgió La Reunión. Extinto desde hace miles de años, es el punto culminante de la isla, con 3.070 metros de altitud.

Yo no era mucho de hacer senderismo, pero la primera vez que hice una ruta por estas montañas me dije que no podía ser la última. Raro era el fin de semana que no me escapaba con mis compañeras a disfrutar de la belleza de esos paisajes.

Recuerdo con especial cariño las rutas en las que hacíamos noche en una tienda de campaña y nos despertábamos para ver amanecer. Caminábamos a oscuras hasta la cima y nos sentábamos a esperar bajo las estrellas. Poco a poco, el sol iluminaba el océano y revelaba el paisaje que nos rodeaba, como si hubiéramos caminado con una venda en los ojos y de repente nos la quitaran para ver las impresionantes montañas que se erguían a nuestros pies.

Selvas y cascadas

La Reunión rezuma agua. De hecho, algunos puntos de la isla ostentan records mundiales de precipitaciones, lo que se traduce en multitud de cascadas y riachuelos y en una vegetación exuberante. Las lluvias se concentran en la parte este de la isla, que alberga maravillas como las selvas vírgenes de Bélouve y Mare Longue.

La riqueza de estos bosques hace que no sea raro encontrarse con camaleones, geckos, tenrecs (una especie de erizos), pájaros de todos los colores y alguna que otra araña gigante pero inofensiva.

Aunque es difícil escoger, en tema de cascadas me quedo con la zona de Langevin: un conjunto de saltos de agua entre los que destaca la cascada de Grand Galet. Sus estanques escondidos y rodeados de vegetación son un regalo para los sentidos.

No puedo quedarme sin mencionar la cascada de Trou de Fer, una de las más altas del mundo con sus 725 metros de caída. A ella solo se puede acceder en helicóptero o, como mucho, puede verse desde un mirador si la neblina lo permite.

Cascada de Trou de Fer
Cascada de Trou de Fer

El volcán Piton de La Fournaise

Este volcán es uno de los más activos de la Tierra. Con un poco de suerte lo verás en erupción, pues suele despertar un par de veces al año (¡por lo menos!). Y sí, digo “con suerte” porque no tienes de qué preocuparte: es un volcán constantemente monitorizado y su acceso está perfectamente controlado.

Es impresionante verlo a plena luz del día, pero no puedes perderte contemplarlo por la noche. Los ríos de lava en la oscuridad es algo que se te quedará grabado para siempre.

Tampoco puedes irte sin ver la Carretera de las Lavas, vestigio de las erupciones de 1977, 1986, 1998, 2002, 2004 y 2007. En esos años, el Pitón de la Fournaise entró en erupción con tanta fuerza que la lava llegó hasta el mar, sepultando la carretera bajo ríos de roca volcánica.

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Volcán de la Fournaise

Las aguas del Índico

Aunque bonitas, La Reunión no destaca especialmente por sus playas. Son pocas y en la mayoría está prohibido el baño debido a la presencia de tiburones. Eso no quiere decir que sea imposible tostarse bajo el sol reunionés y disfrutar de sus aguas cristalinas.

El mejor lugar para hacerlo: la playa de L’Hermitage. Se trata de una playa de arena blanca protegida por una barrera de coral que impide que entren los tiburones. Sus aguas son poco profundas, transparentes y están repletas de pececillos tropicales.

El mundo submarino de La Reunión es precioso. Si te gusta hacer snorkel, échate bien de crema en la espalda porque te aseguro que vas a perder la noción del tiempo. Otras playas en las que está permitido el baño y que merece la pena visitar son la de Saint-Pierre, Saint-Leu, La Saline y Boucan Canot. Por otro lado, aunque no te puedes bañar en ellas, no te debes perder la playa de L’Étang-Salé (de arena negra) y la playa de Grande Anse.

Las olas del Índico hipnotizan, pero no te olvides de echarle un ojo al cielo. Sobre las costas reunionesas vuela el emblema de la isla: el paille-en-queue, un pájaro blanco con una larguísima cola. Por si no has tenido suficiente fauna, si montas en barco puedes ver delfines, ¡e incluso alguna ballena durante el invierno austral!

Acantilados cerca de Saint Joseph
Acantilados cerca de Saint Joseph

La cultura criolla: una mezcla de culturas

La Reunión tiene paisajes maravillosos y un clima ideal. Sin embargo, lo que la hace única en el mundo es su multiculturalidad. Los reunioneses, también llamados “criollos”, tienen raíces muy distintas. La mayoría son de origen africano (Madagascar y este de África) y asiático (India y China). Solo unos pocos habitantes son de origen europeo.

En consecuencia, La Reunión está llena de templos hindúes, mezquitas, iglesias católicas, altares improvisados a santos y algún templo budista. Más variedad por kilómetro cuadrado, ¡imposible!

Templo tamil, Saint-Pierre
Templo tamil, Saint-Pierre

Podríamos pensar que estas culturas tan diferentes podrían chocar al convivir en una isla tan pequeña, pero nada más lejos de la realidad. Aquí las culturas no están aisladas las unas de las otras. Los reunioneses están acostumbrados desde pequeños a estar rodeados de gente de color, cultura y religión diferentes.

No es solo una cuestión de convivencia, sino de respeto, harmonía étnica y mestizaje. En los colegios e institutos puedes ver estudiantes con medallas de la virgen, con hijabs, con turbantes, con bindis… Esto sorprende si se tiene en cuenta que Francia es un estado laico y que los símbolos religiosos están prohibidos en las escuelas públicas. La Reunión parece ser una excepción a la regla, y no necesariamente para mal. A mí me encantó ver cómo mis alumnos eran amigos entre sí sin importarles cómo vestían y profesaban su religión.

Esta unión cultural no solo se ve con los ojos, sino que se escucha. Los reunioneses tienen un idioma propio, el créole: una mezcla de francés, malgache, hindú, indo-portugués y lenguas africanas minoritarias. Aunque el francés es el idioma oficial, el criollo reunionés es la lengua del día a día.

Si el créole es el punto de encuentro de las palabras, el maloya es el de la música. Comenzó siendo el canto de los esclavos de las plantaciones de azúcar y actualmente es la manifestación musical de la identidad criolla. No hay fiesta en la que los reunioneses no bailen al son de los tambores y las kayambas.

No puedo cerrar este artículo sin hablar de los sabores de La Reunión. Como ya te imaginarás, la gastronomía criolla tiene un poco de todas las culturas que conforman la isla. Destacan los caris (la versión reunionesa del curry indio) y los rougails (guarniciones de tomate, cebolla, chile y múltiples especias). Si no eres muy fan de la comida picante, siempre puedes optar por delicias como el gratinado de chouchou, las samosas o la tarta de patata dulce con vainilla.

Para mí no había mejor manera de terminar el día que viendo el atardecer en Saint-Pierre, con unas samosas de queso en una mano y una “dodo” (cerveza reunionesa) en la otra.

Un lugar que hay que visitar una vez en la vida

Podría escribir mil artículos sobre La Reunión y aun así me quedaría con cosas por decir. Es una isla que tienes que experimentar en tu propia piel. Si eres una persona activa que busca llevarse recuerdos inolvidables de sus vacaciones, te recomiendo de verdad que no te la pierdas.

Lo ideal es que vayas como mínimo dos semanas y que manejes un poco el francés (o, al menos, el inglés). Procura evitar la época de ciclones (de enero a marzo). Hay rutas para todos los niveles y zonas accesibles para personas con movilidad reducida. Lo único que necesitas es un coche de alquiler y activar el modo explorador.

Todos los que hemos visitado La Reunión coincidimos en que es un lugar que marca. ¡Anímate a comprobarlo!

Reunión-cabecera

Ana Cristina González es graduada en Traducción e Interpretación. Compagina la docencia de idiomas con proyectos de traducción, revisión y redacción.

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