Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas).
Dámaso Alonso

 

Me miran amenazantes

las inmensas torres de ladrillo.

Muestran afiladas ventanas

por sus cuatro costados;

bajo los alféizares,

ruidosos aparatos de aire

gotean la bacteria de las altas fiebres.

 

El cielo de Madrid es hoy una larga pestaña gris.

Es una ciudad de más de un millón de cadáveres

donde los mendigos colman las aceras

 

e interrumpen el estilismo de las grandes avenidas,

amontonando sus vidas delante de teatros y franquicias.

 

Ciertos días, se aplican restricciones de tráfico,

otros tantos, alternos, se acucia la recogida de basuras.

La paz se prohíbe a diario en hogares de extrarradio.

 

Contemplo desde tu ventana un cielo corrompido por mil luces de colores,

cada una pertenece a una multinacional que se anuncia.

Pero no he venido a ahogar mi paz

ni a ser testigo del declive.

Te veo dormir

y, de momento, parece suficiente.

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