Un millón de años (Astiberri, 2017) es el título del último tebeo del guionista y dibujante David Sánchez, integrado en la Colección Sillón Orejero de Astiberri Ediciones. El autor se dio a conocer con Tú me has matado (Astiberri, 2010), por el que obtuvo el Premio al Autor Revelación en el Salón Internacional del Cómic de Barcelona en 2011 y al que siguieron No cambies nunca (Astiberri, 2012), Videojuegos (Astiberri, 2012) y La muerte en los ojos (¡Caramba!, 2012). A su actividad como narrador se añade su no menos relevante labor como ilustrador, que desarrolla como responsable de las cubiertas de la editorial Errata Naturae, así como con sus esporádicas colaboraciones en prensa y revistas especializadas.

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Un millón de años | Astiberri

El trabajo de David Sánchez ha sido comparado de forma reiterada con el singular universo de la filmografía de David Lynch. Ambos autores comparten una obvia fascinación por el misterio -lo desconocido-, que ocupa un lugar privilegiado en sus creaciones. Un millón de años transcurre en un territorio (¿un planeta?) desolado en el que vastas extensiones de arena y roca se prolongan hasta el horizonte, un páramo en donde «insectos y ratas» constituyen la dieta básica de cuantos allí habitan. Sus pobladores se hallan vinculados entre sí por una dispar relación con la divinidad, que llena el vacío sin concesiones que sirve de escenario a sus historias.

El autor propone una deidad polimórfica, y ello no sólo por su aparente capacidad para adoptar distintas figuras con motivo de sus epifanías, sino por los muchos modos en que se interpretan sus enigmáticos designios. Oráculos y profecías engendran nuevos episodios de violencia para una cosecha macabra de sangre y entrañas. Así pues, la palabra divina se transforma en un manantial ambivalente de consuelo y sufrimiento -nunca de salvación-, como evidencian las plegarias -algunas de lo más familiares- enunciadas por cíclopes, caníbales, animales antropomórficos y hombres sentenciados a muerte. Son las víctimas de un amplio repertorio de horrores que abarcan desde la tortura al canibalismo. Dios no es tanto un personaje activo como un ominoso concepto que inspira -y justifica- el conflicto terreno.

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Un millón de años | Astiberri

Pero si el argumento es críptico, el trazo, por contra, es claro y preciso, casi aséptico. Este sugestivo contraste regresa como una de las señas de identidad del autor. Deudor confeso de la obra de Hergé y Charles Burns, David Sánchez se ha desmarcado de sus referentes con un estilo de lo más personal, identificable para todo aquel conocedor del trabajo del artista madrileño. En este sentido, el cómic registra un significativo predominio de la acción sobre el diálogo, con frecuencia una vertiginosa letanía de rezos, mandatos y maldiciones. Las onomatopeyas se corresponden con golpes, disparos, miembros desgarrados.

Un millón de años constituye un estremecedor surtido de delirios, una obra en clave mística que expone sin contemplaciones la faceta más descarnada del absurdo existencial y el desesperado afán de trascendencia de todo intelecto con acceso a dicha verdad.

Dios es una incógnita.

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